Lo ocurrido en el Latino es inadmisible

En Cuba no hay ni habrá hooligans

OSCAR SÁNCHEZ
oscar.ss@granma.cip.cu

Nada tiene que ver con el deporte, ni mucho menos con la cultura que en esta esfera tiene todo nuestro pueblo, lo ocurrido en la noche del martes en el estadio Latinoamericano en el primer juego de la subserie entre los conjuntos Santiago de Cuba, campeón, e Industriales, actual subtitular.

Los propios mentores de ambos equipos habían definido este enfrentamiento como un gran compromiso con la afición, no solo capitalina o santiaguera, sino con la de todo el país, pues sabían de lo esperado del duelo.

Granma publicaba la víspera de ese de-safío: "significa mucho cada juego contra Santiago, es el clásico del béisbol cubano y todo el mundo lo disfruta¼ estoy seguro que tanto Santiago como nosotros saldremos al terreno a dar lo mejor en cada jugada, por respeto a la afición que tanto espera de nosotros. Vamos a pelear en cada turno al bate¼ Ellos tienen un equipo grande, nosotros también¼ ", expresó el director de Industriales, Rey Vicente Anglada.

Y así fue, la tropa de Pacheco, tan modesta como brava, abrió fuego en casa del rival, que no se amilanó y supo darle alcance, protagonizando ambos uno de los partidos más emocionante de la actual campaña, que dicho sea de paso se ha visto respaldada por el público en todos los escenarios, síntoma inequívoco de aceptación.

Esa sola razón bastaría para tratar al choque y a sus protagonistas con el mismo respeto que ellos, mediante su esfuerzo, expresan en cada jugada o cuando nos hacen palpitar nuestros corazones con cada batazo.

Y esa responsabilidad toca a cada uno que va al estadio a disfrutar de un buen juego de pelota, porque los que están en el terreno, salen a la grama a darlo todo para las graderías. Es el aplauso, como reconocimiento, lo que debemos tributar no un pomo u otros objetos contra los peloteros, como se vieron el martes, en las partes aledañas a las cercas del terreno, como tampoco manifestaciones antisociales que promueven la violencia.

Quienes hacen ese tipo de cosas —50 ó 60 trasnochados—, no van a disfrutar, van a atentar contra el espectáculo deportivo, que es lo mismo que atentar contra el pueblo, el presente en el estadio y el que lo disfruta por la televisión o la radio, pues una suspensión del desafío solo afecta al amante de la buena pelota.

De la misma manera, a quienes están responsabilizados con la organización del campeonato no se les puede escapar ni un solo detalle. Cuando se habla de béisbol en Cuba se trata de un fenómeno social, y si incluye una porfía entre Santiago de Cuba e Industriales, estamos en presencia de una actividad de alta demanda, para darle el nombre que técnicamente se usa en Juegos Panamericanos u Olímpicos, es decir gran poder de convocatoria, estadios llenos y alta rivalidad. No los puede sorprender por falta de previsión una situación como la ocurrida.

La vigilancia tenía que ser mayor, el aseguramiento del orden público debió ser mejor, tanto cuantitativa como cualitativamente. Conocimos, según la descripción de la televisión ayer en la tarde, de la detención de los que provocaron los incidentes, lo cual felicitamos.

No podemos esperar que ocurra en una de nuestras instalaciones lo que sucede en no pocas latitudes del planeta, grandes desgracias que cobran la vida de personas. En Cuba no pueden existir los hooligans, su presencia está reñida con los valores de nuestra sociedad y cualquier asomo de violencia hay que combatirla con energía, sea en el fútbol, el baloncesto, el béisbol o en cualquier disciplina deportiva, pues los atletas de un movimiento deportivo como el cubano, capaz de encumbrarse en las cimas más exigentes del mundo, tienen un compromiso muy grande con un pueblo que conoce mucho de deporte, que lo disfruta y lo analiza como pocos en el orbe.

No quiere decir que se deje de apoyar al equipo de preferencia, ni que disminuya la rivalidad, al contrario, ambos sentimientos cuando se expresan en las tribunas le dan un sello único e imprescindible al espectáculo deportivo; es bien bonito ver las graderías partidas en dos bandos, cada uno con los colores de su equipo, dando rienda sueltas a sus gargantas. Ese estadio es el que quiere la afición, el que aman los peloteros, para ellos no hay nada más triste que una grada vacía o apática.

Recuerdo una máxima de un periodista español que decía "dime el arbitraje que tienes y te diré el fútbol que juegas". En Cuba la afición es tan conocedora de su béisbol que cuando uno escucha las opiniones en las cientos de peñas en todo el país, o ve las graderías de nuestros estadios arder de emoción, podría parafrasearse aquella cita: "dime la afición que tienes y te diré el béisbol que juegas".

Es otra de las motivaciones por las que debemos defender el estadio para la afición, que mucho tiene que ver en los grandes éxitos de nuestros atletas.

Y ojo, para el cubano y la cubana, el béisbol es pasión, identidad, cultura, por lo cual es ya un rasgo distintivo de nacionalidad, como lo ha sido a lo largo de la historia el son, la guayabera, el tabaco, la caña, la solidaridad, entonces hay que defenderlo ante todo lo que intente dañarlo.

 

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