El amor en los tiempos de combate

HÉCTOR ARTURO

Debe haber sido sin hablar demasiado, porque Mongo jamás pudo asistir a una escuela, pues la más cercana distaba a ocho kilómetros del bohío de sus padres, donde aprendió a labrar la tierra antes de cumplir los ocho añitos, porque eran 11 estómagos para alimentar, que casi todas las noches se iban vacíos a las hamacas.

El día en que recibieron la Medalla XX Aniversario de las FAR, visitados en su casa por Raúl, Almeida, Ramiro y Sergio del Valle.

Pero el caso es que Susana tampoco dijo muchas cosas cuando él se lo propuso. Y al monte se escaparon ambos: Mongo con 22 abriles y Susana sin rebasar los 16, hasta que decidieron contraer matrimonio legalmente, el 14 de diciembre de 1934.

Un poco antes, Mongo se había acercado a los comunistas de su natal zona de Melgarejo, cerca de Yaguajay, porque veía que eran los únicos que luchaban por los derechos de los trabajadores y los campesinos.

Jamás pudo olvidar que a los 11 años de edad sufrió el primer desalojo, que poco después le costó la vida a su madre; todo porque el dueño de las tierras quería más y más, para pagar menos y menos.

Ese día vio por primera vez dar plan de machete a un cabo de la rural. Y desde ahí todo fue rebeldía y juramento de que había que cambiar aquello.

Después del matrimonio, y de cortar muchos miles de arrobas de caña, talar cientos de árboles del monte para hacer leña y carbón, chapear enormes potreros y participar en huelgas y mítines contra las tiranías de turno, Mongo y Susana comenzaron a engendrar retoños, que hoy suman ocho, todos tras el ejemplo y las huellas de sus progenitores.

Ella sabía de todos los trajines conspirativos de su esposo, y hasta se las ingeniaba para introducir entre las costuras de las blanquísimas guayaberas, los papelitos contentivos de mensajes e informes del Partido y del Movimiento 26 de Julio.

Ni Mongo mismo supo jamás cómo lo dejaron vivo después de los golpes que le propinaron el 14 de diciembre del 56, el mismo día de su cumpleaños 44, cuando lo arrestaron.

Después de la huelga del 9 de abril de 1958, Mongo fue el encargado de recibir al Comandante Camilo Cienfuegos en la zona Norte de la antigua provincia de Las Villas y garantizar todo lo que hiciera falta al Ejército Rebelde, que ya estrechaba el cerco final contra la dictadura.

En la zona de Juan Francisco, muy cerca de su terruño natal, preparó el campamento para la tropa del legendario guerrillero, quien le ordenó construir un hospitalito donde atender a los heridos y a los pobladores de la región, que jamás habían visto a un médico en persona por todo aquel abandonado paisaje.

Nada importaron las bombas yankis que arrojaban los aviones también yankis, tripulados por pilotos batistianos: el hospitalito comenzó a funcionar a los 10 días, y ese mismo día Camilo les prometió que todo iba a cambiar después del triunfo, que ya se avizoraba.

Y así fue y es: en aquel vecindario se cumplió y superó la promesa de Camilo: hospital, postas médicas, escuelas, granjas, cooperativas, fábricas, y no más desalojos, ni plan de machete, ni golpizas, ni torturas, ni crímenes.

Todo se fue haciendo en medio de la Campaña de Alfabetización, de la lucha contra bandidos, de la batalla de Girón, de la Crisis de Octubre, de las milicias y los trabajos voluntarios.

Permaneció al frente del Campamento de Camilo en Juan Francisco, convertido en Museo y Monumento Nacional, hasta 1995, cuando ya con 83 años de edad fue obligado por sus compañeros a jubilarse, pues había sido operado de cáncer de colon, pero siguió dándole sus vueltas, sobre todo cuando había visitas de pioneros, para explicarles todo lo relacionado con el pasado que ellos no conocieron gracias a la Revolución.

Susana siempre andaba con él, cuidándolo, hasta que el 14 de noviembre del pasado año, cuando le faltaban apenas tres días para festejar sus 95, falleció Mongo, Ramón Gregorio Simancas Medina.

Y Susana Valdés Rodríguez no lo dejó abandonado por mucho tiempo y se marchó para seguir junto a su amor eterno un mes y medio después, el 6 de enero del 2008.

Mongo y Susana estuvieron casados durante 73 largos y difíciles años, en los cuales compartieron las verdes y las maduras, y vivieron felices cuando triunfaron las ideas por las cuales lucharon toda la vida, enamorados entre ellos.

 

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