El indicador más representativo de la situación de salud de los
niños y niñas de un país, utilizado en los últimos años por el Fondo
de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), es la tasa de mortalidad
en menores de cinco años, que refleja en forma directa el nivel de
vida y el grado de desarrollo logrado por la salud pública.
Cuba alcanza en este indicador una tasa de 7, la más baja de
América Latina, similar a la que muestran los Estados Unidos, y en las
Américas solo superada por Canadá con un registro de 6.
Esta tasa representa la relación entre el número anual de
fallecidos menores de cinco años por cada mil nacidos vivos, y mide de
forma específica la probabilidad de muerte desde el momento del
nacimiento hasta la edad de cinco años.
Un análisis del comportamiento mundial refleja que la TMM5 (sigla
con que se identifica internacionalmente este indicador) es
globalmente de 190 en África Occidental, 76 en el mundo y de 31 en
América Latina.
La expresión en vidas perdidas de esta tasa se traduce en que
actualmente más de 10 millones de niños menores de cinco años siguen
muriendo cada año, ¡alrededor de 28 000 al día!, casi todos en países
subdesarrollados.
Estas muertes infantiles se producen debido a causas fácilmente
evitables como las enfermedades diarreicas y respiratorias agudas, el
sarampión y el paludismo, y es consenso de los especialistas que con
la aplicación de medidas de bajo costo podrían salvarse, según
estudios recientes, seis millones de niños de los más de 10 que
fallecen anualmente. Es resultado también de la injusticia social
prevaleciente que un 14% de los que habitan en los países pobres no
tiene acceso a los servicios de salud, por lo que una población
infantil ascendente a 270 millones se encuentra despojada de la
atención médica.
En contraste, el fallecimiento de los niños en países
industrializados se origina principalmente como consecuencia de
accidentes.
Los datos reflejados no provienen de fuentes influidas por
tendencias políticas o análisis sustentados en una interpretación
parcial, sino han sido tomados de publicaciones reconocidas
internacionalmente como el Estado Mundial de la Infancia, de UNICEF.
En el profundo análisis de la salud pública en nuestro país
realizado por Fidel en 1953, y que plasmó en ese documento
imprescindible de la historiografía cubana, La historia me
absolverá, el líder revolucionario denunciaba que la sociedad se
conmovía ante la noticia del secuestro o el asesinato de una criatura,
pero "permanece indiferente ante el asesinato en masa que se comete
con tantos miles y miles de niños que mueren todos los años por falta
de recursos".
El panorama de la Cuba de entonces, recordemos, era de incultura y
analfabetismo que no posibilitaba siquiera recibir mensajes de
promoción de salud, y con un cuadro sanitario caracterizado por el
tétanos, difteria, sarampión, tosferina, poliomielitis, tuberculosis y
muchas otras enfermedades que diezmaban a la población, y nuestros
niños morían de gastroenteritis y enfermedades respiratorias como las
primeras causas de muerte.
Luego de transcurrida una década del triunfo revolucionario, y
contando el país con rigurosas y confiables estadísticas en salud, aún
en 1970 morían en Cuba 37 niños diarios menores de cinco años, lo que
representa una tasa de 48 por mil nacidos vivos, indicador que también
fue disminuyendo progresivamente por la obra creadora de la Revolución
en la salud pública.
El pasado año 2007 se registraron como promedio dos niños menores
de cinco años fallecidos diariamente, como consecuencia de afecciones
relacionadas con las malformaciones congénitas, enfermedades
infecciosas, tumores malignos y los accidentes.
La doctora Berta Lidia Castro Pacheco, jefa del Grupo Nacional de
Pediatría del Ministerio de Salud Pública, consultada por nuestro
diario para conocer las posibilidades de lograr una mayor
supervivencia aun en las primeras etapas de la vida infantil en los
niños que mueren por causa de enfermedades infecciosas, puso de
relieve la importancia de la lactancia materna exclusiva durante los
primeros seis meses de vida del niño y complementada con otros
alimentos hasta los dos años.
La leche de la madre, dijo, fortalece el sistema de defensa de sus
hijos y evita los procesos infecciosos como la diarrea y las
enfermedades respiratorias.
La Organización Mundial de la Salud, en el año 2000, en una reunión
de los países miembros, aprobó la Declaración del Milenio, proyecto
dirigido a construir un mundo mejor en el siglo XXI. En ese documento
se recogen las nobles aspiraciones de conseguir una vida digna para
hombres, mujeres y niños. Sin embargo, el propio Kofi Annan, ex
secretario general de las Naciones Unidas, afirmó que "para la mitad
de los 2 000 millones de niños y niñas que viven en este mundo
actualmente, la infancia es cruda y brutalmente diferente del ideal al
que todos aspiramos".
Quizás el millón de pacientes operados de la vista por la Operación
Milagro entre los desposeídos del mundo ––y las cifras siguen
creciendo––, y los miles de trabajadores cubanos de la salud que en
solidario gesto vienen ofreciendo atención médica a millones de
enfermos de muchos países, puedan mostrar el camino para que
ciertamente ese mundo mejor pueda ser construido.
|
MORTALIDAD DEL MENOR DE 5 AÑOS POR MIL NACIDOS VIVOS
(Países seleccionados) |
|
Países |
Tasa de mortalidad menor de 5 años |
|
Canadá |
6 |
|
Cuba |
7 |
|
Estados Unidos |
7 |
|
Chile |
10 |
|
Costa Rica |
12 |
|
Uruguay |
15 |
|
Argentina |
18 |
|
Colombia |
21 |
|
Venezuela |
21 |
|
Paraguay |
23 |
|
Panamá |
24 |
|
Ecuador |
25 |
|
México |
27 |
|
Perú |
27 |
|
El Salvador |
27 |
|
R. Dominicana |
31 |
|
Brasil |
33 |
|
Nicaragua |
37 |
|
Guatemala |
43 |
|
Haití |
120 |
Fuente: Estado Mundial de la Infancia, UNICEF, 2007.