Timor Leste vive hoy momentos
cruciales en espera del despeje de la crisis desatada por la intentona
golpista que hizo colapsar la frágil estabilidad del país a inicios de
esta semana.
El Parlamento amplió hasta el 23 próximo el estado de excepción
vigente hace 48 horas a pedido del primer ministro Hanana Gusmao.
Entretanto, desde Darwin, Australia, los médicos que atienden al
presidente José Ramos Horta por las graves heridas recibidas en el
asalto el lunes anterior a su residencia en esta capital, consideraron
que en dos o tres semanas podrá ser dado de alta.
Ramos Horta fue el primer blanco del ataque perpetrado por ex
militares rebeldes encabezados por Alfredo Reinado, muerto en el
intento de defenestrar el país, de cerca de un millón de habitantes e
inmerso en la mayor pobreza.
Gusmao escapó a un asalto mientras viajaba en un vehículo el mismo
día y en su condición de jefe del ejecutivo pidió la presencia de más
tropas australianas para las fuerzas de paz de la Onu (MINUT)
dislocadas en el territorio timorense.
La presencia de las MINUT en Timor Leste data de 2006, cuando
Reinado lideró una revuelta que dejó mas de tres decenas de muertos y
derrumbó el gobierno del entonces primer ministro Mari Alkatiri.
Versiones sobre un documento en el cual Alkatiri habría pagado a
Reinado para asesinar a los máximos dirigentes de la pequeña nación
del Sudeste Asiático enrarecieron en las últimas horas el clima
político nacional.
Sin embargo, el ex gobernante y líder del Frente Revolucionario de
Timor Leste Independiente (FRETILIN), negó tajantemente esa imputación
y la denunció como intento de desestabilizar el país.
Hipótesis trascendidas este jueves imprimieron un nuevo matiz a los
hechos al señalar que los investigadores de Naciones Unidas que siguen
el caso valoran una versión según la cual Reinado y sus seguidores
pretendían secuestrar al presidente y no asesinarlo.
Según un artículo del diario australiano Sydney Morning Herald
conocido aquí, fuentes cercanas a las pesquisas conducidas por la
policía de la Onu dijeron al periódico que todo apunta a un doble
intento de secuestro.
Entretanto, la calma prevalece en Dili, donde el ambiente cobra
tensiones por momentos como el del entierro de Alfredo Reinado, cuyo
cadáver había sido entregado ayer a los familiares, acompañados por
unos cientos de simpatizantes del ex comandante prófugo de la justicia
hacía dos años.
Las MINUT, reforzadas ahora por unos 340 efectivos australianos
adicionales a los 800 presentes antes de la intentona e integradas
también por Nueva Zelanda y Portugal, patrullan las calles y custodian
las instalaciones oficiales.