Actualizado 3:30 p.m. hora local

En el corazón de la caravana

El alemán Rene Obst se adjudicó la décima etapa

ARIEL B. COYA

CÁRDENAS.– Una experiencia única. Eso significa acompañar durante la carrera a los ciclistas que intervienen en la Vuelta. Describirla resulta difícil, pero haremos el intento. Y todo, gracias a Joao, uno de los motoristas que habitualmente sirven en su labor a los fotógrafos (incluido el camarógrafo de la televisión).

Así nos acercamos al grueso pelotón que coletea en la carretera.

Dentro de la colorida madeja –en la que destaca el pulóver amarillo del líder Pedro Pablo Pérez–, cubanos y extranjeros pugnan codo a codo por avanzar sobre el pavimento. Llegar al final es el propósito unánime de los corredores.

El gesto adusto, la mirada atenta y las piernas contraídas por el esfuerzo denodado de consumir la kilométrica distancia de la etapa, al ritmo incesante de los pedales, retratan la esencia de este deporte.

La caravana se desliza en una constante lucha contra los elementos. El sol, la sed y algún bache casual en el trazado intentan mellar el ánimo de la caravana. Pero es inútil. Los campeones jamás se rinden.

Rozando apenas al grupo compacto, partimos con celeridad a la caza de los cuatro ruteros escapados tras la primera meta volante en Santo Domingo. Encabezar el recorrido siempre suele ser complicado, más aún si la fuga es temprana.

Allá van a lo lejos, a través de la llanura matancera. La meta final está cerca, pero el pelotón también avanza con luengos pedalazos.

Cuatro voluntades compiten en el embalaje final: Hebert Rivas (VEN), Carlos Arias (CHA), Bernardo Colex (Tecos) y Rene Obst (Saxonia).

Pero son los dos últimos quienes más energías han reservado para el sprint definitivo.

Ya se desprenden, ya cruzan la raya final. A Cárdenas llegó primero el alemán Obst, que cubrió el trayecto de 185 kilómetros en 4:14:52 horas. Los vítores del público son para él, pero también para los demás. Porque todos somos ganadores.

La Vuelta tiene esa connotación, aun más un 14 de febrero. Aunque pocos nos pronunciemos abiertamente, el sentimiento que embarga a todos es el mismo. La Vuelta ha recalado ya para siempre en nuestros corazones. Y eso es lo que importa.

 

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