A punto de concluir su segundo mandato presidencial, mundo y
medio concuerda en calificar la era de George W. Bush como una de
las más sombrías y descarnadamente agresivas en la historia de los
Estados Unidos.
No ha sido casual su encumbramiento. El personaje ascendió y ha
ejercido un papel protagónico en la trama imperial al amparo de
poderosos intereses corporativos, que en estos comienzos del siglo
XXI han sacado jugosos dividendos en sectores estratégicos de la
economía —complejo industrial militar, comunicaciones, finanzas,
energía— a costa de aventuras bélicas y desventuras humanas.
Un incisivo perfil del personaje se recoge en las páginas de
Bush (W), libro de Nicanor León Cotayo que la Editorial José
Martí presentará hoy a las 5:30 p.m. en la Sala Fernando Ortiz, de
la Fortaleza de La Cabaña.
El autor, conocido por una obra periodística dedicada al análisis
de la política norteamericana, no se propuso escribir una biografía
ni una monografía sobre la actual administración republicana, sino,
a partir del rigor documental, mostrar la imbricación entre casta
familiar, aspectos psicológicos, fundamentos ideológicos y
circunstancias históricas que han determinado la actuación de un
estadista de pésima reputación.
Realmente espeluznante resulta para cualquier lector el minucioso
repaso de la actuación del mandatario ante los devastadores efectos
del huracán Katrina: su insensibilidad humana y su insólito y
frívolo proceder ante la emergencia hicieron época.
Nicanor también recuerda el rosario de mentiras y engaños a la
opinión pública, y la doble moral de un gobierno que se ha
proclamado adalid de la lucha antiterrorista, mientras cobija a
Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, promotores del salvaje
atentado contra un avión civil cubano en 1976.
Al introducir este libro, Raúl Valdés Vivó advierte que "es
lectura que enseña a ver por dentro el proceso histórico
contemporáneo, y por eso debe estar ante pupilas juveniles en primer
lugar". Vale la recomendación: los jóvenes lectores tienen ante sí
la oportunidad de escudriñar la sima espiritual de quien ha entrado
a formar parte —permítaseme un préstamo borgiano— de un nuevo
capítulo de la historia universal de la infamia.