Fue en 1989, en una fecha tan especial como el 31 de diciembre,
cuando la Escuela Especial Nacional Solidaridad con Panamá abrió sus
puertas. Las tiene abiertas desde entonces, inmensamente abiertas,
como queriendo dar a todos un abrazo.
Así me la encontré en la tarde cuando llegué: llena de gentes y
ruido; de niños que pedían permiso y usted disculpe, al pasar con sus
sillas de ruedas; de madres con mirada de águila para el menor
descuido y manos acariciantes. De ese modo la hallé, aunque también
había caras ajenas en el centro del salón, los muchachos de More House
School.
Del condado de Surrey, Inglaterra; esta escuela para niños con
problemas neurológicos y del habla ha cultivado, juntos profesores y
estudiantes, un original grupo de jazz. Esta tarde decidió compartir
su arte con los niños de Solidaridad con Panamá.
Con piezas de concepción simple y rítmica, el movimiento, los
brazos haciendo olas y los aplausos vivieron en cada persona en la
sala. Momento singular fue la actuación del percusionista y vocalista
de la agrupación, muy entusiasmado al cantar piezas que jugueteaban
con el rock and roll.
Otro recuerdo estimable se suma al historial de solidaridad e
intercambio de la escuela capitalina, llena de niños que traspasan
barreras y obstáculos, acostumbrados a rehabilitarse y fortalecerse en
el deporte; trabajadores laboriosos de la ruta del conocimiento,
virtuosos en el inmenso mar de la sensibilidad artística.
Y una vez más cobró su aspecto habitual el salón, el mismo en el
que los niños han compartido con David Blanco, que espera por la
visita de Buena Fe uno de estos días, el que hoy antes de esconderse
el Sol hizo nuevos amigos al otro lado del Atlántico.