Lilia Esteban Hierro, viuda de Alejo Carpentier, falleció anoche en
La Habana a los 95 años de edad, a consecuencia de la metástasis de
una neoplasia. Cuentan que al agravarse su estado, apenas unas horas
antes de morir, quiso agradecer a cuantos han dedicado pasiones y
fervores a la preservación y la promoción de la obra del autor de
El siglo de las luces.
Ella fue mucho más que la albacea de esa obra imprescindible para
la cultura cubana. Desde la Fundación Alejo Carpentier, que presidió
desde su creación, llevó a cabo una consecuente labor para que el
legado del más importante novelista de nuestras letras multiplicara
su alcance y significación. En tan sentido colaboró intensa y
estrechamente con el Instituto Cubano del Libro, la Editorial Letras
Cubanas y otras instituciones culturales del país.
Eusebio Leal la describió como esa "mujer que conserva en el
fuego de su mirada y en su palabra, siempre breve y precisa, la
memoria viva de Alejo Carpentier. Ella, que ha contado día a día
desde su partida, confirió a la dulce espera un sentido creador, al
ejercer ese oficio difícil de guardar intactos para las presentes y
futuras generaciones, no sólo la palabra escrita, sino el
pensamiento humanista y el sentido que la vida tuvo para Alejo".
Quienes la trataron son testigos de su irreductible sentido de la
cubanía, de su interés por la obra de los jóvenes escritores y
artistas y, sobre todo, de su irrestricto compromiso político con la
Revolución y Fidel, a quien calificó "como el más grande cubano de
nuestra época".
Por voluntad propia sus restos serán cremados hoy, y mañana sus
cenizas reposarán para siempre en el panteón familiar de la
Necrópolis de Colón, junto a su entrañable Alejo.