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Más de 750 personas murieron y decenas de miles perdieron sus hogares
desde que en diciembre pasado el crudo invierno, uno de los peores
registrados, comenzó a azotar algunas regiones de Afganistán.
Según el doctor Barakatullah Mohammadi, en el hospital de Herat las
víctimas de congelamiento están aumentando cada día y la mayoría de
ellas se encuentran en estado crítico.
El sábado último 40 personas fueron hospitalizadas, agregó.
Fuentes médicas indicaron que amputaron dedos de manos o pies a más
de 90 hombres, mujeres y niños.
Los habitantes de las áreas rurales son los más expuestos a las
bajas temperaturas por el precario estado de sus viviendas.
Abdul Rahman señaló que quedó atrapado en una ventisca durante
siete horas antes de que alguien lo rescatara.
Comentó que muchos residentes en su aldea presentan síntomas de
congelamiento, pero no tienen dinero para acudir al hospital.
Muchas carreteras que conectan remotos poblados con sus capitales
provinciales quedaron bloqueadas debido a las intensas nevadas que
dificultan la entrega de suministros básicos.
Las provincias de Ghazni, en el centro, Herat, en el oeste, y
Bagdhis, en el norte, resultaron particularmente afectadas.
El duro invierno incrementó los precios de los alimentos y el
combustible.
Desde el mes pasado, el Programa Mundial de Alimentos solicitó
asistencia adicional para más de dos millones de afganos.
Las condiciones climáticas extremas también causaron la muerte a
cerca de 230 mil cabezas de ganado.