En un año que el presidente
venezolano, Hugo Chávez, considera clave para la Revolución
Bolivariana, la unidad de la izquierda se perfila como el reto del
que dependerán los resultados de sus elecciones regionales.
En opinión del mandatario, Venezuela enfrenta una arremetida
conjunta de la oposición interna y del gobierno de Estados Unidos
encaminada a generar desabastecimiento e inseguridad para crear
descontento en el pueblo.
Junto a ello, Chávez advierte sobre las pretensiones de sus
enemigos de ahondar las diferencias de enfoque en las filas de la
izquierda para propiciar la división, sobre todo a partir del
proceso de elección de candidatos a los comicios.
El próximo noviembre se realizarán las elecciones de
gobernadores, alcaldes y otras autoridades regionales, para lo cual
el Jefe de Estado pidió elegir a los candidatos desde las bases,
como forma de garantizar el respaldo popular.
Frente a ello, la oposición, alentada por el triunfo en un
referendo realizado el pasado diciembre que rechazó una reforma
constitucional, se moviliza en la búsqueda de candidaturas unidas,
un proceso cuesta arriba aunque no imposible.
Pero, en opinión de Chávez, lo más peligroso es el juego sucio
que algunos sectores opositores intentan, luego de fracasar sus
pretensiones de atraer a las Fuerzas Armadas a una aventura
golpista.
En opinión de Chávez los opositores buscan pescar en río revuelto
( ) están jugando a algún evento extraordinario y repentino que nos
desestabilice, para ellos venir por nosotros a derrocar el gobierno.
En ese contexto incluye infiltración de paramilitares,
desabastecimiento de alimentos para generar descontento en el
pueblo, auspiciar violencia en las calles y hasta la utilización de
drogas y el alcohol para provocar situaciones complejas.
Las acciones abarcan la exageración de problemas como la
delincuencia, el desabastecimiento y la inflación en algunos medios
de comunicación.
En ese contexto Chávez considera importante atacar las fallas de
la gestión de los gobiernos nacional, estatales y regionales y no
permitir rencillas internas y ambiciones personales.
El peligro previsto por las autoridades es que en caso de un
triunfo de la oposición en los próximos comicios el país podría
verse envuelto en una guerra, pues la oposición buscaría tomar el
poder antes del término del mandato presidencial en 2013.
Actualmente los seguidores de Chávez controlan 22 de los 24
estados del país suramericano, pero la oposición aspira a triunfar
al menos en otros cuatro estados, además de Zulia y Nueva Esparta,
hoy con gobernadores opositores.
Según un estudio del partido Un Nuevo Tiempo (UNT), del
gobernador de Zulia, Manuel Rosales, hay condiciones para triunfos
opositores en 15 estados, con mayor fuerza en Táchira, Mérida,
Anzoátegui y Falcón, además de 165 de las 337 alcaldías.
Aunque las previsiones de UNT parecen exageradas y una proyección
proselitista más que análisis real, lo cierto es que Chávez enfrenta
una ola de recuperación de sus enemigos, con una táctica mixta de
procedimientos legales y desestabilizadores.
Frente a ello, la izquierda trabaja en la formación del Partido
Socialista Unido, que agrupará a más de 20 organizaciones y la
formación, paralelamente, de un Polo Patriótico, junto a aliados
como los partidos Comunista y Patria para Todos.
El Jefe de Estado, por su parte, apuesta a una mayor eficiencia
del aparato administrativo, que comenzó con ajuste de gabinete, y
acciones para asegurar la unidad de la izquierda, aspecto clave en
las elecciones convocadas para noviembre.