Santiago Álvarez, Osvaldo Mitat y Ernesto Abreu se habían
declarado culpables de obstrucción de la justicia el año pasado por
negarse a hablar ante un jurado investigador que averiguaba si
Posada Carriles le mintió a las autoridades federales a fin de
obtener la ciudadanía estadounidense.
Los fiscales presentaron como parte de las pruebas dos
grabaciones en las que Álvarez, desde un centro penitenciario en
Florida, instruía a Abreu y a Rubén López Castro, otro colaborador
de Posada, a no declarar sobre el viaje en el barco Santrina para
"salvar a Luis".
La defensa de Álvarez solicitó al juez que lo sentenciara a menos
de 12 meses, porque una condena mayor dificultaría la posibilidad de
que el "empresario" de origen cubano pudiera acogerse a la
Convención Internacional contra la Tortura y evitar ser, según
ellos, enviado a Cuba.
Un hecho paradójico que ocurre en momentos en que la Casa Blanca
admite por vez primera que utilizó el "submarino" o "ahogamiento
simulado" en los interrogatorios contra presuntos terroristas,
práctica que la comunidad internacional condena y califica como
tortura.
Pero no nos llamemos a engaño. Una vez más se pone de manifiesto
la protección que brinda el gobierno de Estados Unidos a los
terroristas de Miami —sus terroristas—. Es sintomático además,
observar lo rápido que se deciden los pleitos para unos —artilugios
y marañas de sobra—, mientras para otros, como los Cinco
antiterroristas cubanos, el limbo legal se extiende ante una
justicia con ceguera.
(Deisy Francis Mexidor)