Jay o el frescor del arte ingenuo

Falleció uno de los más grandes exponentes de la llamada pintura naif en Cuba, laureado con el Premio Nacional de Artes Plásticas

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Con la muerte este fin de semana de Ruperto Jay Matamoros, la pintura cubana perdió a uno de los más representativos exponentes del llamado arte ingenuo o naif, quien por la calidad de su obra mereció el Premio Nacional de Artes Plásticas en el 2000.

La india del batey, obra de Jay Matamoros.

Larga fue la vida del artista. Falleció en La Habana cuando le faltaban dos meses para cumplir 96 años de edad. Había nacido en la localidad oriental de San Luis el 12 de marzo de 1912 —por voluntad propia quiso que sus restos fueran sepultados allí— y desde que abrió los ojos al mundo se interesó por plasmar lo visto de cualquier manera: el paisaje, la flora, la fauna, los habitantes del campo y la imaginería popular.

Ciertamente adquirió algunas nociones académicas durante esa insólita aventura que se llamó Estudio Libre de Pintura y Escultura. Fundado en 1938 por Eduardo Abela, Rita Longa, René Portocarrero y Domingo Ravenet, fue un intento por democratizar la enseñanza artística en medio de la modorra pseudorrepublicana.

Pero el talento de Jay fue emergiendo como algo muy propio, en los ratos libres que le dejaban sus múltiples oficios de chofer, pintor de brocha gorda, plomero, jardinero, mensajero y decorador de interiores. Una de la aristócratas cubanas de la época, María Luisa Gómez Mena ejerció su mecenazgo y colocó cuadros del pintor en ciertos circuitos.

Pero en verdad el valor de la pintura de Jay Matamoros se pudo apreciar luego de que, producto de la política cultural de la Revolución, comenzaron a jerarquizarse los aportes de la pintura popular: la exposición de acuarelas y tallas exhibida en el Ministerio de Justicia en 1964, el premio que obtuvo ese año en el Salón Nacional de Pintura y Escultura del Museo Nacional de Bellas Artes, la exposición personal de su obra en Galería Habana en 1965, y la irrupción exitosa de sus cuadros en la II Trienal de Arte Naif de Bratislava y en la Bienal de Grenoble (Francia), en 1969, catapultaron su figura.

 

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