Cada vez que la expansión del crédito se veía en problemas, las
autoridades financieras intervenían inyectando liquidez o de otra
forma estimulando la economía. Esto propició el surgimiento de un
sistema asimétrico de incentivos, al tiempo que promovía una aún
mayor expansión del crédito.
Las apariencias eran tales que la gente llegó a creer en lo que
el presidente Ronald Reagan llamaba la "magia del mercado" y que
Soros identifica como el "fundamentalismo de mercado". Los
fundamentalistas aprecian que el mercado aporta una tendencia al
equilibrio y por tal motivo sirve al interés común el hecho de que
los participantes actúen en función del interés particular de cada
uno.
Obviamente, se pasaba por alto que no era el mercado el que
aportaba el "equilibrio" sino la intervención de las autoridades
financieras para evitar los derrumbes.
No obstante, el fundamentalismo de mercado emergió como la
ideología dominante y se globalizó de manera que a Estados Unidos le
fue dable succionar los ahorros del resto del mundo, consumir más de
lo que produce y cargar con su actual déficit de cuenta corriente.
Los mercados financieros estimulaban a los consumidores a
endeudarse mediante instrumentos cada vez más sofisticados y
términos más generosos.
Las autoridades apoyaban y respaldaban el proceso interviniendo
cuando el sistema financiero global estaba en riesgo, pero las
regulaciones oficiales eran cada vez menores hasta que llegaron
prácticamente a desaparecer.
La expansión del crédito —dice Soros— fue tan formidable que
escapó de las manos de las autoridades financieras que se vieron
incapacitadas para calcular los riesgos y empezaron a dejar el
asunto a cargo de los propios bancos.
Los bancos centrales se vieron obligados a inyectar cantidades de
dinero sin precedentes y surgieron nuevos instrumentos de crédito y
prácticas que han resultado inseguras e insostenibles.
Según Soros, lo mismo ocurrió en muchos otros eslabones del
sistema crediticio hasta que fue el sistema financiero en su
conjunto lo que estalló.
A la Reserva Federal de Estados Unidos, cuya intervención ante
las amenazas de crisis ha devenido habitual, no le queda más camino
que anunciar nuevas bajas de la tasa de interés para tratar de
evitar que Estados Unidos entre en recesión, pero los principales
analistas de mercado ya dan por descontada la crisis y ven como
única solución, para atenuarla, impedir una brusca desaceleración en
el ámbito mundial sobre la base de que China e India mantengan su
nivel de demanda para evitar que disminuya abruptamente la actividad
productiva y la recesión se generalice.
Entretanto, el Foro Económico Mundial que cada año reúne a las
personalidades más ricas y poderosas del mundo, que sesionó en Davos,
en los Alpes suizos, de enero 21 al 26 del 2008, depositó igualmente
sus esperanzas de atenuar el desastre en esas dos enormes naciones y
en otros mercados de países en desarrollo.
En ese encuentro, dominado por el temor a una recesión, o al
menos a una seria desaceleración de la economía estadounidense que
arrastre consigo a la economía mundial, se dio la paradoja de que
allí donde los altos crecimientos de China e India eran vistos hasta
muy recientemente como una amenaza para las economías occidentales,
hoy se manifiesten las más serias preocupaciones por el peligro de
que ellas se frenen a resultas de una recesión mundial.
El presidente de la empresa productora de equipos móviles de
comunicaciones de China, Wang Jianzhou, participante en el evento de
Davos, pronosticó que la economía de su país sería afectada por una
recesión mundial, "pero no mucho", gracias a la expansión del
consumo interno prevista, que integra junto a las exportaciones y
las inversiones de capital los tres elementos clave del espectacular
crecimiento chino.
Otra singular paradoja generada por los peligros de la recesión
de la economía global se manifestó en la recomendación de la nueva
titular del Fondo Monetario Internacional, Dominique Strauss Kahn, a
los países "con problemas", de que flexibilicen sus políticas
fiscales para salir adelante.
Una institución que desde hace medio siglo viene imponiendo el
criterio del superávit fiscal como un principio sine-qua-non,
recomienda a los países desarrollados que estimulen su economía
violando el equilibrio fiscal al margen de la política monetaria.
También contradictorio es que el endeudamiento externo de Estados
Unidos sea financiado por Japón, China, Arabia Saudita, y otros
países, no solo como sus grandes acreedores sino también como
depositantes de sus enormes reservas monetarias en bancos de Wall
Street, algo que les hace rehenes del dólar estadounidense.
En Davos, Condoleezza Rice, la canciller norteamericana, dijo que
"la economía de Estados Unidos es resistente, su estructura es
sólida, sus fundamentos económicos a largo plazo están sanos y que
seguirá siendo motor del crecimiento económico mundial".
¿A qué futuro de la economía mundial apuesta usted: recesión,
realineación o continuidad del injusto desorden globalizado?