En el alma y el misterio de Cuba

SERGIO VITIER

Despedimos a uno de los tesoros de la música cubana: Federico Arístides Soto (Tata Güines), en su pueblo natal, donde me comentó hace unas semanas que quería pasar sus últimos años.

Lo conocí cuando yo solo era un adolescente y empezaba a tocar con Felipe Dulzaides y él ya era una leyenda viva. Desde esa época, hace 44 años, aprendí a valorar su maestría y su inconfundible estilo, el cual influyó de manera determinante en todos los percusionistas de Cuba y del mundo que han navegado en las difíciles aguas de la música cubana.

Cuando se habla de la tumbadora siempre habrá que decir: antes y después de Tata Güines. Fue lo que hoy decimos un "artista de fundación" y supo integrarse a géneros tan diversos como la rumba, el bailable, el jazz, el ballet clásico, la música de vanguardia y otros más que harían interminable la lista. Personalmente pudiera recordar muchos momentos en que trabajamos juntos y eso mismo les pasaría a gran cantidad de músicos dentro y fuera de Cuba, pero todos estaríamos unánimemente de acuerdo en reconocer su maestría, su profesionalismo, su originalidad unido a su gracia y un encanto personal que lo hacían inolvidable.

Descansa Tata en paz en tu Patria y en tu pueblo que tanto amaste, descansa junto al Benny, a Jesús Pérez, a Chano Pozo, a Frank Emilio, a Guillermo Barreto, a Merceditas Valdés, a Arsenio Rodríguez y a todos los grandes músicos nuestros, tus hermanos.

Siempre estarás en el alma y el misterio de Cuba.

 

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