Despedimos
a uno de los tesoros de la música cubana: Federico Arístides Soto
(Tata Güines), en su pueblo natal, donde me comentó hace unas
semanas que quería pasar sus últimos años.
Lo conocí cuando yo solo era un adolescente y empezaba a tocar
con Felipe Dulzaides y él ya era una leyenda viva. Desde esa época,
hace 44 años, aprendí a valorar su maestría y su inconfundible
estilo, el cual influyó de manera determinante en todos los
percusionistas de Cuba y del mundo que han navegado en las difíciles
aguas de la música cubana.
Cuando se habla de la tumbadora siempre habrá que decir: antes y
después de Tata Güines. Fue lo que hoy decimos un "artista de
fundación" y supo integrarse a géneros tan diversos como la rumba,
el bailable, el jazz, el ballet clásico, la música de vanguardia y
otros más que harían interminable la lista. Personalmente pudiera
recordar muchos momentos en que trabajamos juntos y eso mismo les
pasaría a gran cantidad de músicos dentro y fuera de Cuba, pero
todos estaríamos unánimemente de acuerdo en reconocer su maestría,
su profesionalismo, su originalidad unido a su gracia y un encanto
personal que lo hacían inolvidable.
Descansa Tata en paz en tu Patria y en tu pueblo que tanto
amaste, descansa junto al Benny, a Jesús Pérez, a Chano Pozo, a
Frank Emilio, a Guillermo Barreto, a Merceditas Valdés, a Arsenio
Rodríguez y a todos los grandes músicos nuestros, tus hermanos.
Siempre estarás en el alma y el misterio de Cuba.