No
cabe una lectura fragmentada de la exposición PC a todo, que
abre la temporada 2008 en la Galería Villa Manuela, de la UNEAC. Si
no se tienen la mente y las pupilas abiertas a las posibilidades de
diálogo entre pautas artísticas diametralmente opuestas,
difícilmente podrá digerirse el encuentro entre las poéticas de Luis
Cabrera y Ángel Ramírez.
Se ha dicho que a ambos artistas los unen la convivencia en la
etapa formativa y la amistad a lo largo del tiempo. Pero eso no
basta para explicar la cercanía. Como tampoco el hecho de que
compartan territorio en la disciplina del grabado.
La clave está en la falta de prejuicio para articular estéticas
diversas en un espacio de préstamos y aprendizajes. La iconografía
de Ramírez, que recrea y subvierte el legado renacentista y
prebarroco europeo, dinamita en este caso sus límites expresivos
para absorber el grafismo directo que nutre la impronta visual de
Cabrera.
Ese proceso se hace visible progresivamente ante los ojos del
espectador, pues la galería alberga tanto obras realizadas
individualmente como otras realizadas de conjunto. Contribuye,
asimismo, a la integración de los lenguajes la incorporación de
texturas matéricas y objetos reciclados, la cual, de una parte,
establece una zona de común entendimiento, mientras por otra pone a
distancia el compromiso con las nuevas tecnologías aplicadas a la
realización artística.
Para Ángel Ramírez (La Habana, 1954) y Luis Cabrera (La Habana,
1956), esta exposición significa un reto plenamente cumplido,
gracias también, en gran medida, al impulso creativo con que la
directora de la galería Lesbia Vent Dumois ha sabido encauzar rutas
sorprendentes en el principal espacio de que dispone la UNEAC.