Cercanías de Ramírez y Cabrera

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

No cabe una lectura fragmentada de la exposición PC a todo, que abre la temporada 2008 en la Galería Villa Manuela, de la UNEAC. Si no se tienen la mente y las pupilas abiertas a las posibilidades de diálogo entre pautas artísticas diametralmente opuestas, difícilmente podrá digerirse el encuentro entre las poéticas de Luis Cabrera y Ángel Ramírez.

Se ha dicho que a ambos artistas los unen la convivencia en la etapa formativa y la amistad a lo largo del tiempo. Pero eso no basta para explicar la cercanía. Como tampoco el hecho de que compartan territorio en la disciplina del grabado.

La clave está en la falta de prejuicio para articular estéticas diversas en un espacio de préstamos y aprendizajes. La iconografía de Ramírez, que recrea y subvierte el legado renacentista y prebarroco europeo, dinamita en este caso sus límites expresivos para absorber el grafismo directo que nutre la impronta visual de Cabrera.

Ese proceso se hace visible progresivamente ante los ojos del espectador, pues la galería alberga tanto obras realizadas individualmente como otras realizadas de conjunto. Contribuye, asimismo, a la integración de los lenguajes la incorporación de texturas matéricas y objetos reciclados, la cual, de una parte, establece una zona de común entendimiento, mientras por otra pone a distancia el compromiso con las nuevas tecnologías aplicadas a la realización artística.

Para Ángel Ramírez (La Habana, 1954) y Luis Cabrera (La Habana, 1956), esta exposición significa un reto plenamente cumplido, gracias también, en gran medida, al impulso creativo con que la directora de la galería Lesbia Vent Dumois ha sabido encauzar rutas sorprendentes en el principal espacio de que dispone la UNEAC.

 

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