Desde entonces a la fecha, como para desterrar aquel infundio, el
cuarteto, convertido por antonomasia en voz de la Revolución, ha
desbordado con su canto escuelas, parques y teatros de toda
Venezuela —hasta en los carnavales de Apure, dice Vilma Garcés, su
vocalista principal— y se ha presentado en varios escenarios de
América Latina y Europa.
Su viaje a Cuba, según lamentan, se lo "prohibió" un ciclón
tropical, que aunque les dejó las maletas recogidas y la boca hecha
aguas, no logró privarlos de la esperanza de reencontrarse algún día
con la isla que emociona y convoca.
Emparentada con la semilla latinoamericana que abonaron voces
como Mercedes Sosa y León Gieco, con la mística revolucionaria de
Víctor Jara y del venezolano Alí Primera, uno de cuyos versos asume
como nombre, y especialmente con la canción de Carlos Puebla, de
Silvio, Pablo, Sara y Vicente Feliú, la agrupación dice profesar la
estética del compromiso y recoger sus mejores versos de la calle,
"de lo que dice la gente".
De ello dan fe títulos como Mi Comandante se queda,
Consentida del Libertador —dedicada a Bolivia—, En memoria a
Danilo Anderson, Hombre sur y Fidel Castro en su día,
poema de Aquiles Nazoa musicalizado a propósito del cumpleaños 80 de
líder cubano y estrenado en el Poliedro de Caracas tras conocerse su
enfermedad en julio del 2007.
Como guerreros en campaña, que es al fin y al cabo lo que son,
Lloviznando Cantos apenas cargan guitarra, bajo y percusión ligera,
y sus mejores grabaciones las han conseguido en un humilde estudio
de apenas dos metros cuadrados que improvisaron Vilma y su esposo
Wilson Barba, arreglista, compositor y director musical del grupo,
en lo que antes fue la cocina de su casa.
"Tenemos un permanente choque con la cultura que viene de afuera
—dice ella—, con el consumismo, la globalización, por eso nos ves en
la calle pero no en la televisión, ni firmando contratos con
disquera alguna, pero la gente enseguida se aprende nuestras letras
y las corea, que es lo que más nos interesa y nos inspira a seguir".