Para
beneplácito de quienes gustan usar abrigos y bufandas, el predominio
de condiciones invernales en gran parte del archipiélago cubano
marca la tónica del tiempo en estos primeros días del 2008.
Según los datos ofrecidos por el licenciado Anolkis Mengana, del
Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología, la temperatura
más baja de ayer fue de 8,3 grados Celsius, reportada en Playa
Girón, seguida por la de 9,0 en Aguada de Pasajeros y 9,3 en Indio
Hatuey.
También los capitalinos amanecimos el jueves titiritando, al
marcar el termómetro 11,9 en la estación de Casablanca, valor que
hacía muchos años no se registraba en la ciudad. A las doce del día
la temperatura era de solo 14,0 grados.
Como nuevamente la madrugada de este viernes se avizora muy fría,
vale la pena señalar algunas de las mínimas más significativas
registradas en Cuba durante épocas pasadas, para que los lectores
puedan comparar las actuales con aquellas.
Así por ejemplo, el actual récord nacional de frío es de 0,6
grados Celsius, y se estableció en el habanero poblado de Bainoa, el
18 de febrero de 1996.
Otra fecha a destacar es la del 11 de enero de 1970, cuando en
Güira de Melena la temperatura descendió a 1,8 grados (la más baja
en 50 años en ese momento); a 2,5 en Tapaste; y a 2,9 en la ciudad
de Santa Clara.
Ese propio día en la sede del Instituto de Meteorología, en
Casablanca, hubo una mínima de ¡8,5!, que todavía es el récord de
frío en la ciudad.
Apenas un año después, el 21 de enero de 1971, en el central
Puerto Rico Libre, en Unión de Reyes, se reportó un valor de 1,0
grado, y los campos de caña amanecieron cubiertos por escarcha.
Indio Hatuey tuvo entonces 1,2 grados; Güines 2,1 y Jovellanos, 2,4.
Sin embargo, observaciones hechas por el sabio Andrés Poey y
Aguirre, precursor de la meteorología científica en Cuba, sugieren
que en nuestro país pudieron ocurrir temperaturas inferiores al
récord de 0,6.
En un trabajo investigativo sobre la obra de este eminente hombre
de ciencia, escrito por el ya fallecido meteorólogo cubano Roberto
Ortiz Héctor, encontramos que Poey señala una serie de observaciones
hechas por el Barón Alejandro de Humboldt durante su visita a Cuba
en 1800, referentes a la presencia de heladas de varias líneas de
espesor ocurridas en las cercanías de La Habana, con temperaturas
muy próximas, e incluso, iguales a cero grado.
Poey comenta también el notable invierno de 1845, que produjo
¡escarcha en las afueras de Santiago de Cuba!, mientras dice,
además, que en San Diego Núñez, a 28 leguas de La Habana, "se
congeló el aceite del alumbrado".
Quizás lo más llamativo de sus anotaciones es que cita el caso de
una posible nevada en Cuba, al expresar que en enero de 1852
había visto caer nieve en la cima de una montaña en Pinar del
Río.
Si eso sucedió es algo muy difícil de comprobar hoy. La mayoría
de los especialistas consultados coinciden en calificar de muy
remota la probabilidad de que en nuestro país nieve, porque ello
solo podría ocurrir bajo condiciones meteorológicas extremas.
Incluso las aguas del Estrecho de la Florida y el Golfo de México,
siempre modifican la intensidad del frío procedente del norte.
Vale recordar que en el caso de Cuba las mínimas más notables
ocurren entre las horas de la madrugada y el amanecer, cuando bajo
la influencia de una masa de aire frío de origen polar ártico, el
cielo permanece totalmente despejado y la superficie de la tierra se
enfría gradualmente debido a la pérdida de calor.