Legado de Alberto Alonso

MIGUEL CABRERA Historiador del Ballet Nacional de Cuba

Alberto Alonso, una de las figuras más trascendentes en la historia de la danza teatral cubana, falleció en la madrugada del 1ro. de enero en la ciudad de Geneisville, en la Florida, a la edad de 90 años.

Nacido en La Habana, el 22 de mayo de 1917, su pasión por la cultura física y una especial sensibilidad musical cultivada por su madre, la destacada pianista y animadora cultural, Laura Rayneri de Alonso, lo llevaron en 1933 a convertirse en el primer alumno masculino de la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana, bajo la guía del maestro Nicolás Yavorski.

En 1935 devino el primer bailarín profesional cubano de esa manifestación al ingresar en los elencos del Ballet Ruso de Montecarlo y los Ballets Rusos del Coronel de Basil, en los que alcanzó notables éxitos y actuó en numerosos países de Europa, América y en Australia. En 1941 asumió la dirección de la Escuela de Ballet de Pro-Arte, donde desarrolló una importantísima labor como profesor y también como coreógrafo, a partir de la creación de Preludios, con música de Lizt, estrenado el 4 de marzo de 1942. De esa primera etapa datan trabajos tan notables como Concerto y Forma (1943), Sombras (1946) y de manera especial Antes del alba (1947), donde por vez primera llevó a la escena balletística las problemáticas sociales de la Cuba de entonces y logró expresar nuestros bailes populares y de origen afro mediante la técnica de la danza clásica.

El 28 de octubre de 1948, junto a Alicia Alonso y su hermano Fernando Alonso, participó en la fundación del hoy Ballet Nacional de Cuba, conjunto al que estuvo vinculado en diferentes etapas como intérprete y coreógrafo. Su búsqueda de lo cubano en nuestras expresiones danzarias tuvo especial resonancia en trabajos para agrupaciones como el Conjunto de Bailes del Teatro Radiocentro, el Ballet de CMQ Televisión y los espectáculos de los más importantes centros nocturnos capitalinos, entre los que sobresalen La calle, El pantano, El güije y El solar.

En años posteriores su obra coreográfica se hizo extensiva al Conjunto Experimental de Danza, el Teatro Musical de La Habana, el Conjunto Nacional de Espectáculos, así como a otras instituciones danzarias del extranjero, de manera especial con su versión de Carmen, su obra más reconocida internacionalmente.

 

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