Mujer
de sed antropológica que deviene sabiduría, la argentina María del
Carmen Sánchez exhibe también en su quehacer una visible herencia
plástica que indica el camino para aplicar las máscaras al teatro.
Ella es de esos que defienden "lo nuestro", entendido en su sentido
de identidad regional, hemisférica, meridional, periférica y¼
universal. "Las culturas más originarias y antiguas —opina— conservan
lo que Occidente ha perdido, aunque es algo tan visible como el cielo
sobre la cabeza. Y precisamente a mí lo que me interesa es eso: la
cosmogonía de esas culturas, el brillo infinito y la relación con el
cosmos, con los elementos de la naturaleza inmediata y más mediata".
Se trata de una suerte de principio científico-creativo —desde hace
7 años trabaja en investigaciones teatrales sobre ritos de culturas
indígenas— y pedagógico, esto último expresado en el curso sobre
confección de máscaras que imparte desde principios de diciembre
pasado, y hasta mediados de febrero, en la capitalina Casona de Línea
bajo el título El rostro del mito.
Una decena de alumnos cubanos ("es la cantidad máxima con que
trabajo; les pido que escojan un mito, un personaje de su cultura de
pertenencia, y que salga desde dentro hacia afuera") aprenden técnicas
de la especialidad para su aplicación en las artes escénicas.
Se basa en técnicas del teatro Noh de Japón, observadas en una gira
teatral por América Latina, durante la cual se inició en las artes
plásticas trabajando como asistente del escultor y teatrista francés
Jean Marie Binoche. "Del teatro busco su espacio, la relación entre
objetos, la proscenia. No persigo el plano, sino el volumen".
Es este un estilo que usa máscaras concebidas por esta creadora
sobre moldes basados en barro, yeso, aserrín y pegamento, pero en las
que el acabado es en piel, mediante métodos que buscan vitalidad y
expresión del gesto y buena textura a través del pulido.
"A veces la imagen de la máscara se presenta previa, viene de algún
dios antiguo. Otras, en el modelaje, la tierra se va transformando en
barro y va apareciendo la forma. También puede venir de un ser humano.
"En general, en la escena actual no se están usando máscaras. En el
teatro latinoamericano de los ochenta se emplearon mucho por
agrupaciones como La Candelaria, el Teatro del Sol de Canadá, el grupo
Buendía."
En esa labor, de gran complejidad pese a su apariencia simple
("para hacer una máscara, dedico 20 días"), María del Carmen emplea
por igual su habilidad manual y sus conocimientos como actriz graduada
(1981) en el Instituto de la Universidad del Arte, o como especialista
en Antropología Teatral en Italia con actores del Odin Teatret de
Dinamarca y discípulos de Jerzy Grotowski.
Amiga de Cuba, admiradora de Fidel y del Che Guevara ("pertenezco a
un grupo que, de argentinos, hemos pasado a ser latinoamericanos"), es
autora de los ensayos La interculturalidad en la creación teatral
y de Sistemas representacionales de culturas ancestrales;
específicamente de carácter ritual y también de dos instalaciones
internacionales sobre máscaras teatrales.
La primera en el 2003, Ab origine, en el Museo José Terry de
Tilcara, y, posteriormente en Bilbao, España, es una interpretación de
un mito de creación de origen náhuatl, y la segunda en Italia durante
el 2005, El grito, una mirada sobre la guerra, también con
fotos y objetos de cerámica, esta última adquirida luego por la
Fundación Napoli Sotterranea, donde se expone hoy permanentemente.
Mientras, sus máscaras y muñecos recorren el mundo.