Es esencial desenmascarar quiénes
fueron los oficiales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) o los
funcionarios de la Casa Blanca responsables de la destrucción de los
videos sobre torturas, demandó hoy The New York Times.
En un editorial, el influyente diario insta al Departamento de
Justicia a presentar las imágenes que estaban en las cintas y a
explicar cómo llegaron a ser desechas.
"Los videos sobre interrogatorios a dos miembros de Al Qaeda en
2002 pueden ser la evidencia de un delito -la tortura- cometido con la
autorización del presidente", señala el rotativo.
En opinión del Times, la orden de destrucción de las cintas parece
ser más un maniobra de la administración del presidente George W Bush
para encubrir muchos de los abusos en los que ha estado inmersa en
nombre de la lucha contra el terrorismo.
El diario aplaude el anuncio hecho la víspera por el Departamento
de Justicia, sobre el inicio de una investigación acerca de las las
cintas, en las cuales aparecían interrogatorios abusivos de
prisioneros.
Según informó el procurador general, Michael B. Mukasey, al frente
de la pesquisa fue designado John Durham, un fiscal federal de
Connecticut.
Durham ha trabajado durante 25 años en dependencias del
Departamento de Justicia y es considerado uno de los fiscales más
implacables de Estados Unidos.
En su expediente consta una investigación que desarrolló en
Connecticut sobre el uso de mafiosos como informantes del FBI, caso
que concluyó con el encierro de varios funcionarios públicos del
estado.
En diciembre último, el director de la CIA, Michael Hayden, tuvo
que comparecer ante un comité del Senado, donde reconoció que sus
subalternos destruyeron varios videos de interrogatorios
comprometedores para la agencia.
Hayden alegó que los oficiales deshicieron las cintas para
garantizar la seguridad de los interrogadores, pero que la jefatura de
la CIA preveía investigar el proceso hasta las últimas consecuencias.
Congresistas demócratas aseguran que los videos demostraban cómo
expertos del espionaje norteamericano aplicaron torturas reiteradas
para tratar de obtener informaciones por boca de personas sospechosas
de terrorismo.