Las hordas del dictador Fulgencio Batista protagonizaron un día
como hoy, hace 51 años, en el norte oriental de Cuba, los últimos
asesinatos de las llamadas Pascuas Sangrientas.
Entre los días 23 y 26 de diciembre de 1956, fueron masacrados 23
jóvenes revolucionarios, en su mayoría militantes del Movimiento 26
de Julio y del Partido Socialista Popular, con el propósito de
desarticular esas dos organizaciones de resistencia a la dictadura
batistiana.
Frescos estaban aún dos hechos relevantes que inquietaron al
régimen de turno, el levantamiento del 30 de noviembre en Santiago
de Cuba y el desembarco de los expedicionarios del yate Granma el
dos de diciembre.
En represalia, el horrendo crimen de las Pascuas Sangrientas
pretendió aterrorizar a la población de las actuales provincias de
Holguín y Las Tunas, cuyas víctimas fueron sacadas de sus casas para
luego aparecer ahorcadas o baleadas.
Con el nombre de Operación Regalo de Navidad la masacre comenzó
el día 23 en la zona de Nicaro, perteneciente actualmente al
municipio de Mayarí, donde Rafael Orejón inscribió su nombre en el
martirologio cubano, el cual integrarían también otros 22 de sus
compañeros.
El norte oriental de la Isla, se teñiría de sangre y aumentaría
el odio hacia la dictadura batistiana, la cual fue derrocada, el
primero de enero de 1959, por jóvenes rebeldes liderados por el
Comandante en Jefe Fidel Castro.
Como cada año, el pueblo de Holguín, en representación de toda
Cuba, rinde homenaje a los caídos con una peregrinación hasta el
obelisco erigido a la memoria de los 23 jóvenes asesinados