El bailarín argentino Julio Bocca concluye su carrera profesional
dejando tras de sí los escombros de muros elitistas que derribó para
lograr su gran objetivo: acercar la danza clásica al campo popular.
"Hasta siempre", dijo el versátil artista entre lágrimas, al
término de un espectáculo a cielo abierto realizado en Buenos Aires,
el pasado sábado.
Considerado una de las lumbreras del arte danzario mundial, Bocca
escogió el vigésimo Festival Internacional de Ballet de Cuba,
celebrado en noviembre de 2006, como escenario ideal para iniciar su
despedida.
"Aquí siempre me han recibido muy bien, fueron muy calurosos los
aplausos, con mucho respeto", comentó en La Habana, luego de la
ovación con la cual cerró la que resultó, a la postre, su última
interpretación integral del Lago de los Cisnes.
Bocca fue la figura extranjera más recurrente en los respetados
festivales de ballet cubanos, encabezados históricamente por la
prima ballerina assoluta Alicia Alonso.
Luminarias presentes en las fiestas cubanas del ballet fueron
también Galina Ulánova e Igor Youskevitch, Carla Fracci, Cynthia
Gregory, Vladimir Vasiliev, Paolo Bortoluzzi, Sylvie Guillem, Nina
Ananiashvilli y Erik Vu An, entre otros.
Unas horas antes de aquella presentación, con su característico
hablar pausado, Bocca confirmó sobre el escenario del Gran Teatro de
La Habana que su actuación del 4 de noviembre de 2006 sería su
despedida del ballet clásico.
En ese reverenciado recinto cultural debutó con el llamado
clásico de clásicos fuera de Argentina, a mediados de la década de
los años 80.
"Tenía que volver a despedirme bien, sobre todo porque aquí hice
mi primer 'Lago' y quería volver a hacer un clásico", explicó.
En octubre de ese mismo año había dicho adiós al American Ballet
Theatre (ABT) de Nueva York, para el cual trabajó durante dos
décadas.
"Toda mi carrera fue maravillosa. Nunca pensé llegar adonde
estoy, tampoco que uno se iba a mantener tanto tiempo", dijo
entonces, para seguidamente remarcar: "Estoy orgulloso con lo que
hice".
"Quería cerrar justamente con lo que vine a abrir aquí", explicó,
en alusión al primero de los tres ballets que escribió el compositor
ruso Piotr Tchaikovsky (1840-1893), con el cual el argentino
enmudeció a aficionados, críticos y especialistas.
El sábado, Bocca cerró 25 años de exitosa carrera en su país y el
exterior.
Atrás quedaron el rastro de virtuosismo dejado en el ABT, y su
presencia inolvidable como artista invitado en el Royal Ballet de
Londres, el Bolshoi de Moscú, el Kirov de Leningrado, la Scala de
Milán, la Zarzuela de Madrid, y el Royal Danish Ballet de Dinamarca.
Julio Bocca se robó los aplausos con sus vigorosos saltos en el
Ballet de la Opera de Oslo, el Stuttgart Ballet de Alemania, el
Ballet de la Opera de París, el Teatro Municipal de Santiago de
Chile y el Nacional de México.
Inició su carrera internacional a los 15 años, como primer
bailarín de la Fundación Teresa Carreño, de Venezuela.
"Antes la danza era mi vida, ahora es tan sólo parte de ella",
afirmó en víspera de su retiro, para justificar su decisión de pasar
más tiempo con su familia e incursionar en la actuación.