La directora del Ballet Nacional de Cuba, la prima ballerina
assoluta Alicia Alonso, festejó su cumpleaños con ese impulso de
vitalidad que añade un rasgo extra a la leyenda que ha fraguado con
el fulgor de su genio y voluntad.
Rodeada de un grupo de personalidades que le rindieron reverencia
con la ofrenda de su amistad y su arte, dijo a Prensa Latina que
espera el nuevo año con la divisa de que "el próximo siempre es
mejor".
Entre otras razones, añadió, porque "nosotros siempre estamos
creciendo en todos los sentidos de la vida, siempre en un dimensión
positiva y hacia adelante, y siempre saliendo con el sol".
Como cada 21 de diciembre, los bailarines de su compañía la
esperaban, desde horas tempranas, para agasajarla. El día de su
cumpleaños ha sido siempre una fuente de alegría para Alonso.
Cuando estaba en el apogeo de su carrera y lo sacrificaba todo en
aras de la danza viviendo una vida casi monástica -con lo que
incluye de horarios estrictos, ensayos agotadores y ferreas dietas-,
el 21 de diciembre era el único día en que se permitía consumir un
helado.
Hoy tuvo un festejo de lujo con el tenor italiano Dario
Balzanelli cantando para ella una de sus canciones preferidas,
Amapola, y el mariachi cubano Real Jalisco interpretando Las
mañanitas y una pieza inmortal de José Alfredo Jiménez, El rey.
Es un honor cantar para una de las grandes bailarinas de todos
los tiempos, afirmó Balzanelli -quien fue discípulo de Luciano
Pavarotti-, un devoto admirador de Alicia Alonso.
En el patio colonial de la casona de Calzada y D, en el barrio
habanero del Vedado, sede de la compañía que dirige, el coro cubano
de Digna Guerra le ofreció un mini recital.
Con un cumpleaños como este, dijo sonriente y agradecida, vale la
pena cumplir 200.