"Conocí a Fidel en 1959 en el Palacio de Planalto (Brasilia), me
fue presentado por el presidente Juscelino Kubitshek", recordaba de
aquel encuentro.
Desde entonces, surgió una amistad y relaciones solidarias
ejemplares. Por aquellos días Oscar Niemeyer trabajaba con denuedo y
pasión en el gigantesco proyecto y sueño del presidente Kubitshek, de
la nueva capital del gigante suramericano: Brasilia. "Fue una
deliciosa aventura, allí viví años felices compartiendo la mesa con
los obreros".
"Fidel es una figura humana impresionante, trascendente, es,
indiscutiblemente, el gran líder de América Latina. Es nuestro líder
natural", me decía con profunda emoción mientras fijaba su mirada
penetrante en la grabadora con la que lo entrevistaba aquella tarde de
junio de 1992, unos días después de su otro encuentro con el Jefe de
la Revolución Cubana, en el piso 9 de su estudio-oficina en la Avenida
Atlántica, frente a la playa Copacabana.
"Hablamos mucho, me contaba sus preocupaciones y los debates que
habían tenido lugar en la Cumbre (de Río, con decenas de jefes de
Estado para tratar el tema medioambiental), de la situación en Cuba y
la disposición de enfrentar los nuevos desafíos", nos dijo sin ocultar
la alegría que aquella visita le produjo.
Fue un privilegio periodístico estar dialogando con el constructor
de Brasilia, del Memorial de América Latina, en Sao Paulo, del Centro
Cultural y la sede del Comité Central del Partido Comunista de
Francia, en París, de la Gran Mezquita de Argel, del gigantesco
Sambódromo (largo anfiteatro por cuya vía central cada año entre
febrero y marzo se celebran los famosos carnavales de Río con sus 16
escuelas de samba desfilando), también fue uno de los proyectistas del
edificio de la ONU, en Nueva York, y decenas de otras obras
arquitectónicas.
Oscar Niemeyer, junto a Luis Carlos Prestes, estuvo entre los
fundadores del Partido Comunista de Brasil. Fue el primer presidente
de la Asociación de Amistad con Cuba. Formó parte en 1960 del
Instituto Brasil-Cuba.
Este amigo excepcional, nacido en 1907, de hablar bajo y pausado,
afable, de finas maneras, conversaba y relataba sus recuerdos con
fluidez y con la mayor modestia imaginable, de sus relaciones con
figuras mundiales, de sus obras en Francia, Argelia, Japón, Estados
Unidos, Italia y otros lugares.
Niemeyer nos contó que en sus primeras conversaciones con Fidel se
habló de que hiciera algunas cosas en Cuba. También de su aversión a
los aviones. "Estoy invitado a visitar Cuba hace mucho tiempo. Incluso
el Comandante me propuso llevarme y traerme en barco (se rió muchísimo
de este episodio con Fidel)". Es el autor además del proyecto de la
embajada brasileña en La Habana.
Nuestro amigo entre sus muchos reconocimientos cuenta con el Premio
Lenin de la Paz, la Orden Nacional José Martí, la medalla Félix Elmuza
que otorga la Unión de Periodistas de Cuba y otras.
La dictadura militar entre los 60-70 lo persiguió, encarceló,
reprimió y fue exiliado a Europa.
Sus artículos periodísticos en Folha de Sao Paulo y Journal do
Brasil, y otros medios de comunicación han sido reflejo de sus
denuncias a las agresiones, bloqueo, sabotajes y recientemente al
secuestro de nuestros Cinco Héroes, y sobre otras causas justas de
este mundo.
En días pasados, el presidente Luis Inácio Lula Da Silva lo visitó
en su oficina adonde acude Niemeyer a diario, lo felicitó por su
centenario, y le anunció que el 2008 en Brasil será el año de Oscar
Niemeyer.
Desde 1992 se reimprime el semanario Granma Internacional en
Río de Janeiro y en todo momento contamos con su aliento, apoyo y
solidaridad. "Ustedes tienen muchos amigos aquí y eso ampliará el
espacio para la solidaridad y la información de Cuba", nos dijo
entonces.
Vayan a nuestro entrañable amigo estas líneas de recuerdo, respeto
y afecto revolucionario y muchos deseos de salud y felicidad en sus
fructíferos 100 años.
Condecorado con la Legión de Honor francesa
RíO DE JANEIRO, 12 de diciembre.— El arquitecto brasileño Oscar
Niemeyer fue honrado por Francia este miércoles, a tres días de
cumplir 100 años, con el grado de comandante de la Legión de Honor —la
más alta distinción civil y militar francesa— en una ceremonia en su
taller en Copacabana, en Río de Janeiro. En un acto íntimo al que
asistió su familia cercana, en la que Niemeyer apareció del brazo de
su esposa Vera Lucia Cabrera, el embajador de Francia en Brasilia,
Antoine Pouillieute, saludó “al maestro, en nombre de Francia, con
fraternidad”. (AFP)