Pese a todo, Fariñas suena

ILIANA GARCÍA GARCÍA (*)

Un lustro ha transcurrido de la desaparición física del prestigioso músico Carlos Fariñas. Sin embargo, su ausencia no ha nublado la fuerte impronta que su obra toda ha dejado, no solo en la música, sino igualmente en la cultura de Cuba. Hombre de talla mayor, de verdadera esencia revolucionaria —entendida esta en su más amplia connotación—, supo distinguirse como el compositor que —aún transgrediendo las normas estéticas convencionales, o retomándolas con sentido dialéctico—, hizo valer lo "nuevo" o lo "viejo" desde una óptica artísticamente superior, nacida de su más original y honesto pensamiento humanista.

Más que conmemorar su muerte, en el concierto, suspendido in situ dos semanas antes, y ofrecido el pasado domingo por la Orquesta Sinfónica Nacional conducida por Enrique Pérez Mesa, se homenajeó su vida, cuya plenitud e intensidad creadora dejó para siempre una producción que sintetiza lo más valioso de nuestro acervo musical con signos de renovación continua y tradición universales.

En la sala del Teatro Auditórium Amadeo Roldán se encontraban amigos y admiradores, o simplemente los que sabían que iban a escuchar obras cimeras de la música de concierto cubana. Y aunque el papel de la orquesta —bien complejo por cierto— no respondió en todos los momentos a las exigencias de las propias obras, se agradeció el gesto de recordación y justicia merecida a su figura.

Tres obras cardinales conformaron el programa del concierto. La primera: Seis sones sencillos, en versión orquestal de Gonzalo Roméu, quien supo encontrar en ellos los matices y colores instrumentales que emergían de la sonoridad pianística para la que fueron concebidos. Composición original y versión forman así un binomio coherente. Aunque en la interpretación de la orquesta se escucharon momentos de búsquedas tímbricas atrayentes, faltó el contraste y la brillantez de sonido que ellas mismas requerían. No obstante estas fallas, se impregnaron en el público los ritmos soneros y las melodías, principalmente aquellos provenientes de los vientos (debe destacarse el solo impecable de trompeta en uno de los sones que imprimió relieve al conjunto).

El bosque ha echado a andar, concebida —según el propio autor— a partir de tres ideas extramusicales, fue la segunda obra presentada. En ella tienen un papel protagónico los instrumentos de percusión junto al arpa y el piano, mientras que el resto de la orquesta funciona como un "ripieno", tal como lo hacían los músicos del Barroco en el "concerto grosso". La imagen, al decir de Fariñas es la de "¼ ese inmenso bosque que comienza con un árbol, ha echado a andar y su marcha gigante no podrá ser detenida". Lo "folklórico" está dado aquí sobre todo en el manejo sobresaliente de la percusión y la consiguiente riqueza rítmica basada en un "ostinato", al cual se van sumando masas instrumentales que culminan y ceden luego, hasta llegar al inicio del pulso persistente referido.

Para cerrar el concierto fue escogido el Preludio para Penthesilea, obra que integra la música para la homónima puesta en escena (del dramaturgo alemán Heinrich von Kleist), que fuera estrenada en Frankfurt en 1978. En ella se mezclan imágenes de batallas de amazonas con elementos afrocubanos, en un lenguaje orgánico que aúna identidad y progreso.

Los problemas de comprensión formal y estilística de estas dos últimas obras no fueron vencidos en su totalidad a nivel interpretativo, quizás debido a la insuficiencia de los ensayos y a las escasas, por no decir muy raras veces, que este tipo de obras se ejecuta. Sin embargo, resulta meritorio el interés y el esfuerzo que se evidenció en los músicos y su propio director por llevar a término una digna muestra de los valores implícitos en tales creaciones. Los mismos instrumentistas se sentían sorprendidos de la maestría con que el compositor afrontaba el espléndido timbre de la masa orquestal. Esto demuestra la necesidad de mantener la memoria histórica de una música cubana, cuya trascendencia aún queda fresca en otros predios del mundo. ¿Por qué no entre nosotros? ¿O será que todavía Fariñas sigue "poniendo el dedo en la llaga" a cinco años de su ida?

(*) Musicóloga y Profesora de la Facultad de Música del Instituto Superior de Arte.

 

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