A diez años de su desaparición física:

Carlos Rafael pertenece a la estirpe de hombres que luchan toda la vida

Ricardo Alarcón de Quesada

Foto: Liborio NovalCarlos Rafael pertenece a la estirpe de los hombres que luchan toda la vida, los que son capaces de fundir cada momento con la causa del pueblo, los imprescindibles.

Hace algunos años, cuando un compañero se quejaba de que la tarea que le había sido encomendada no era la que más correspondía con su vocación, escuché a Carlos responderle: Yo quería ser escritor pero he tenido que dedicarme por entero a la Revolución.

Probablemente pasara por su mente, en aquel instante, la larga e ininterrumpida trayectoria que iniciara en octubre de 1930, cuando se incorporara, a los 17 años de edad, al combate del Directorio Estudiantil contra la tiranía machadista. Desde entonces marchó junto a su pueblo consecuentemente, compartió sus angustias y su esperanza, le entregó lo mejor de su talento excepcional y su inagotable espíritu militante.

Al caer aquella tiranía se desempeñó brevemente en la alcaldía de Cienfuegos. Matriculó en la Universidad de La Habana y se incorporó al Ala Izquierda Estudiantil. Como miembro del Comité Universitario participó en la dirección de la huelga derrotada en marzo de 1935 y posteriormente formó parte del Comité Estudiantil Universitario que encabezó la pelea contra los planes para someter a nuestra Alma Mater a la política reaccionaria del gobierno. Ya antes había ingresado al Partido Comunista y en 1937 le correspondió hablar a nombre de los estudiantes en el acto de entrega de la Universidad que recuperaba su autonomía.

Fueron años de brega incesante, de completa dedicación a la causa revolucionaria durante los cuales, también supo ser un estudiante ejemplar. En cuatro cursos culminó los estudios de Derecho y de Ciencias Políticas, Sociales y Económicas, en total examinó 33 asignaturas con 33 calificaciones de sobresaliente, 31 premios ordinarios y 4 extraordinarios y el premio nacional al mejor estudiante de Derecho.

Desde 1939 fue miembro del Comité Nacional de la Unión Revolucionaria Comunista y luego del Partido Socialista Popular hasta que este se integrase en 1960 con las demás fuerzas revolucionarias.

En junio de 1958 el PSP, a cuyo Buró Ejecutivo Nacional pertenecía desde cinco años antes, lo envía como su representante a la Sierra Maestra respondiendo al llamado de Fidel a las organizaciones que combatían a la tiranía batistiana. Regresó a La Habana en agosto para coordinar la ayuda de su Partido a la invasión dirigida por el Che y Camilo para volver después a la Sierra hasta finales de la lucha contra Batista.

A la Revolución victoriosa dedicaría su incansable esfuerzo, ella contaría con todas sus energías, con su entera fidelidad y el aporte constante de su inteligencia profunda, su ancha cultura, su pensamiento creador, su verbo afilado. Como Director del periódico Hoy contribuiría destacadamente a la defensa de la Revolución y a la educación y la movilización del pueblo en los primeros años en los que también empleó largas horas a la Reforma Universitaria y a la creación y dirección de su facultad de Economía donde además ejercería memorable magisterio. Presidente del INRA, Ministro Presidente de la Comisión Nacional de Colaboración Económica y Científico-técnica, Representante Permanente de Cuba en el CAME, fueron responsabilidades desde las que contribuyó decisivamente a la edificación de nuestro socialismo. Como Vice Primer Ministro y desde la dirección del Partido, orientó la esfera de las relaciones exteriores y en numerosas conferencias internacionales representó con excelencia a Cuba.

Promotor incansable de la unión entre los revolucionarios, participó activamente en la integración de todas sus fuerzas y ocupó desde su fundación muy importantes responsabilidades en la dirección del Partido Comunista de Cuba. Quedará para todos, como un recuerdo imborrable, su permanente presencia en el Quinto Congreso del que no pudo alejarlo ni la más cruel enfermedad.

En el desempeño de todas las misiones que asumiera, en el Partido, en el Gobierno, en la Asamblea Nacional, fue siempre ejemplo de disciplina, de entusiasta entrega al cumplimiento del deber. Toda la vida de Carlos parece la realización de aquella verdad anunciada por Marx: "la felicidad es la lucha".

Él quiso ser escritor y lo fue en grado superior. Desde su más temprana juventud es inagotable su obra como periodista, ensayista y conferencista.

Desde su adolescencia hasta nuestra Cuba Socialista de hoy, fueron numerosas las revistas y publicaciones que él animó y desde las que esclareció, orientó y educó al pueblo. La Sociedad Nuestro Tiempo y otras instituciones culturales conocieron de su afán renovador.

Como intelectual alcanzó la condición suprema al igual que Martí, echó su suerte con los pobres de la Tierra y buscó por encima de todo la conquista de la justicia.

En la Cuba prerrevolucionaria no fueron pocos los reaccionarios que tuvieron que reconocer sus innegables méritos como hombre de cultura. Alguna vez dijeron que un hombre del talento de Carlos hubiera podido ser lo que hubiese querido.

Y tenían razón. Carlos Rafael ha sido y es lo que quiso ser: un militante, un comunista, un revolucionario ejemplar. Quienes luchan toda la vida nunca cesarán de luchar y jamás dejarán de vivir.

Con nosotros irá Carlos Rafael, en nosotros estará siempre él, en la lucha, el sacrificio y la victoria.

(De las palabras pronunciadas por Ricardo Alarcón de Quesada, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el sepelio de Carlos Rafael Rodríguez).

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir