Con
su cuerpo espigado y flexible, su inteligencia aguda y curiosa, y
sus rasgos portadores de todas las mezclas que en Cuba han sido
posibles, Wifredo Lam viviría gozoso este sábado su 105 cumpleaños
en medio de un baño de juventud.
Los universitarios de todo el país, y de manera muy especial los
que estudian en la Universidad de las Ciencias Informáticas,
dedicarán al gran maestro de las artes visuales una jornada en la
cual quedará expuesto un mural conmemorativo en esta última sede,
pintado por alumnos y profesores de la Academia de San Alejandro, se
mostrará las técnicas de grabado por parte de los artistas Abel
Barroso y Yasser Fonseca, se presentará un número especial del
tabloide Noticias de Artecubano, y se inaugurará una serie
fotográfica dedicada al autor de La jungla.
Acciones como esta, coordinadas por la FEU, el Consejo Nacional
de las Artes Plásticas y el Centro Wifredo Lam, deben redundar en
una mayor comprensión del pintor cubano de mayor reconocimiento
universal en el siglo XX.
Lam (Sagua la Grande, 1902 – París, 1982) trascendió las marcas
principales de las vanguardias europeas de entre guerras hasta
lograr una iconografía propia, de impactante composición y
resonancias telúricas, reveladora de las más profundas esencias del
mestizaje antillano. Se trata, como lo ha dicho la doctora Graziella
Pogolotti, del mérito "de incorporar una memoria específica,
particular, correspondiente a una cultura, que es en parte la
nuestra, a la vanguardia artística de aquellos años".
O como lo dejó escrito Alejo Carpentier al describir su obra: "Un
mundo de personajes casi vegetales y de plantas casi humanas, de
animales imaginarios y objetos dotados de palpitación, construían un
universo vinculado con las más grandes tradiciones de la pintura, y
sin embargo, sorprendentemente nuestro. Lam ha dado, en Cuba, con la
clave del problema planteado por Unamuno: hallar lo universal en las
entrañas de lo local; y en lo circunscrito, lo eterno".