Kilowatts en saco roto

Texto y fotos: Ronal Suárez Rivas

Unas tras otras, las oficinas del hotel Pinar del Río se fueron quedando sin fluido eléctrico, y durante tres días debieron trabajar en apagón.

Incumplir las medidas de ahorro implica el desgaste de los grupos de generación.

En Bahía Honda, en San Cristóbal, en Minas de Matahambre, sucedía lo mismo. El consumo desmedido de electricidad de algunos centros, obligaba a tomar acciones extremas: cortarles la corriente.

El control y las inspecciones periódicas a instituciones estatales está demostrando que aún falta mucho para lograr el uso eficiente de los recursos energéticos.

El desempeño de los trabajadores de puestos clave es fundamental para el ahorro.

En la mayoría se registran violaciones, asegura la ingeniera Odalys Rivera, directora de Uso Racional de Energía en el territorio, mientras señala un aire acondicionado encendido en pleno horario pico.

La entrevista tiene lugar en un salón de la Fábrica de Conservas La Conchita, y hace una hora que el equipo debió haberse apagado.

Paradójicamente, en el centro se han registrado importantes ahorros gracias a una efectiva estrategia de trabajo.

De enero a octubre de este año, se demandaron 429 mW/h menos que en igual periodo del 2006.

Lo relevante del dato es que dejando de usar una cantidad de energía suficiente para iluminar todo un mes a 2 517 viviendas, la producción se incrementó en 263 toneladas.

Osniel Sánchez, el director técnico productivo, explica que entre las medidas adoptadas estuvo no usar el condensador de triple efecto, un equipo altamente gastador, diseñado para procesar grandes cantidades de materia prima. En su lugar se empleó uno más pequeño y eficiente, y se establecieron dos turnos de producción.

"Analizamos periódicamente el nivel de calderas que se deben echar a andar, según la cantidad de frutas o tomate disponibles. Cuando son volúmenes relativamente pequeños, tratamos de resolver sin arrancar los equipos de mayor potencia", afirma.

Para la ingeniera Odalys Rivera, los años de esfuerzo en busca de una cultura del ahorro, van mostrando resultados.

"Hace un tiempo, cuando hablábamos con los directores de empresas, algunos no sabían cuál era su plan de energía en el mes, ni cuánto consumían. Ya eso no sucede, se ha logrado mayor sensibilidad por el tema".

No obstante, las inspecciones a centros estatales indican que las dificultades persisten. A diferencia de lo que ocurre con el control del combustible, cuando se habla de kiloatts no suele haber plena conciencia de lo que se malgasta, comenta Odalys.

Cálculos ilustrativos

Los cálculos de la oficina de Uso Racional de Energía son ilustrativos. Las 256 principales violaciones registradas en lo que va de año en la provincia, obligaron al empleo de 14 432 toneladas de combustible adicionales para la generación eléctrica, y la emisión a la atmósfera de 32 800 kilogramos de dióxido de carbono.

Aún así, el problema es recurrente en centros como el hotel Pinar del Río, al que se le ha retirado el servicio eléctrico en dos oportunidades, por excederse del plan de energía y utilizar inadecuadamente su equipamiento.

Convertido en palabra de orden, el ahorro se confirma como una tarea imprescindible ante el precio exorbitante de los hidrocarburos; pero al mismo tiempo es una necesidad.

En Pinar del Río, con la distribución de equipos electrodomésticos para la cocción de los alimentos, la máxima demanda de electricidad se ha elevado de cerca de 100 megawatts (MW) a más de 170. De modo que junto a la urgencia de economizar recursos, se haga preciso evitar una sobrecarga de las líneas, que golpearía la dinámica de los hogares.

Ricardo González, director nacional de Uso Racional de Energía, comenta que el mayor énfasis se ha puesto en unos 1 500 centros, que a pesar de constituir el uno por ciento de los consumidores, emplean alrededor del 47 % de la electricidad del país. No obstante, en el resto debe existir el mismo rigor.

"Aún quedan muchas posibilidades por explotar. En la actualidad hay un Grupo que coordina lo concerniente a la eficiencia energética, con la función de integrar acciones que se habían estado haciendo aisladamente.

"Entre las líneas a tomar en cuenta está la regulación de las inversiones y los equipos que se produzcan o se importen, a fin de que cumplan con los parámetros de ahorro.

"Se trabaja además por establecer una norma en edificaciones, de carácter obligatorio, con el propósito de que las construcciones se diseñen teniendo en cuenta el aprovechamiento de la luz solar y la ventilación natural".

Más exigencia e inversiones precisas, parecen ser la fórmula. Al menos es lo que cree el colectivo del combinado pesquero de La Coloma, al sur de la provincia.

Aquí, el acercamiento de las máquinas de hielo a la cámara que lo almacena, y la hermetización de esta última, implicaron un ahorro de casi 60 mW/h entre enero y octubre.

"Las pérdidas eran muy grandes. El producto se derretía y había que mantener los equipos funcionando más tiempo, confirma Alejandro Leal, un trabajador que durante 15 años vio cómo parte del hielo que hacía, se volvía a convertir en agua antes de llegar a las neveras de los barcos.

Hoy, en cambio, forma parte de las experiencias que demuestran que apelando al ingenio y a eficaces medidas de control, es posible mantener las producciones sin que miles de kilowatts continúen cayendo en saco roto.

 

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