El amor y el deber anduvieron siempre a mano en el corazón de
Lupe Velis, esa extraordinaria mujer cuya muerte repentina
sorprendió ayer a los medios intelectuales y académicos cubanos.
Al frente de la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la Naturaleza
y el Hombre durante la última década, no solo prosiguió, con
ejemplar sacerdocio, la obra de su compañero, sino que aportó nuevas
ideas para promover entre nosotros una cultura de la naturaleza,
imprescindible para aspirar a un desarrollo sostenible y armónico.
Núñez y Lupe, a lo largo de cuarenta años de vida en común,
aportaron sus saberes, sensibilidades y lealtades a la Revolución.
Si Núñez brilló como científico, diplomático, intelectual y
escritor, se debió en buena medida al estímulo y colaboración
permanentes de Lupe.
Ella mecanografió la Geografía de Núñez Jiménez, secuestrada y
quemada por la dictadura batistiana en 1954. En su ciudad natal,
Cienfuegos, desarrolló tareas para el Movimiento 26 de Julio y el
Partido Socialista Popular. En la etapa final de la gesta de
liberación colaboró con la Columna 8 Ciro Redondo, comandada por el
Che. Al triunfo de la Revolución ocupó diversas responsabilidades en
el INRA, la Federación de Mujeres Cubanas, y luego, en el Ministerio
de Cultura.
Sus cenizas serán veladas este viernes entre las 3:00 p.m. y las
10:00 p.m. en la sede de la Fundación, en esta capital.