Los retadores de Morón

Un colectivo de 88 trabajadores multiplica los esfuerzos y lanzan retos productivos en la fabricación de bloques

Ortelio González Martínez

La gentileza del joven me llamó la atención, más si unos años atrás el reportero había tenido que emprender de regreso los 36 kilómetros que separan a Morón de la ciudad de Ciego de Ávila sin los bloques autorizados, porque "no podemos venderle", dijo alguien entonces.

Maritza, la única mujer vinculada directamente al proceso productivo.

Un viaje por gusto, combustible malgastado, el bolsillo estremecido y deseoso de escribir, pero...

Esta vez, casi sin dejarme llegar a la puerta, alguien me preguntó si traía el ticket correspondiente.

—No, busco al director, le respondí.

—Un servidor, me dijo.

Y entramos a la oficina y hablamos como si nos hubiéramos conocido de toda una vida.

LA OTRA BLOQUERA

La bloquera de Morón, la mayor de la provincia avileña se distinguió en la mitad de los años 90 por producir gran parte de los elementos de pared para los hoteles del polo turístico Jardines del Rey.

De ahí que no pocos la bautizaran como la bloquera del turismo, mote del cual hizo gala hasta que quedó paralizado el proceso inversionista en aquella parte del norte de Ciego de Ávila.

Ante esa realidad, las dos líneas se mantuvieron casi inactivas, pues, además de la escasez de obras abiertas, fallaron los abastecimientos de cemento y áridos.

Pasaron por un proceso de angustias y reordenamiento. Unos trabajadores se marcharon en busca de nuevos derroteros, y otros, los que creyeron en la reanimación, permanecieron en el lugar.

Estos últimos no estaban equivocados. Hoy, el esfuerzo de todos, junto a los nuevos aires del proceso constructivo en el territorio, les permitirá sobrepasar los tres millones 300 000 bloques programados para el año.

Alfred Menéndez Pérez, el director, asegura que a mediados de diciembre cumplirán el compromiso. El joven, de 27 años, lo reafirma y expone uno de los criterios sobre los cuales sustenta el sabor de un triunfo que dan por anticipado: "Uno debe ser el primero en llegar y el último en marcharse. Lo más importante es estar al lado de los trabajadores, entenderlos, oírles los problemas y, sobre todo, resolvérselos, sin cometer violación alguna".

ENTRE TANTOS HOMBRES...

... llama la atención la presencia de Maritza Rodríguez Labañino, la única mujer vinculada directamente al proceso productivo.

Llegó desde el municipio de Frank País, en la provincia de Holguín, y siempre ha permanecido en la línea de terrazo (produce elementos ornamentales, pisos interiores y exteriores). "El trabajo es fuerte, pero estoy acostumbrada. En aquel momento este oficio me abrió el camino. Estaba divorciada y con una niña pequeña. Ahora es como de la noche al día. La atención al trabajador es muy buena y existe gran colectivismo. Podemos ganar un salario alto. Hay que esforzarse, desde luego".

A Alfred bien se le nota lo del incansable que lleva escondido. "Nos preparamos para ‘dar un palo’ y superar los 480 000 bloques en un mes. No será fácil. Ese es el récord histórico de la fábrica impuesto en el presente año. Queremos sobrepasarlo.

"Hemos diseñado la estrategia. Antes dejábamos de hacer 3 000 unidades cuando parábamos las máquinas para la merienda. Ahora se la llevamos al puesto de trabajo. Todas las áreas poseen su nevera para el agua fría. Así no tienen que ir al comedor, digo, al restaurante.

"¿Necesidad de fuerza de trabajo? Nada de eso. Cada vez que hay una plaza en convocatoria muchos quieren entrar. Eso nos da la posibilidad de hacer una mejor selección."

A otro de los hombres, Frank Eduardo Pascual, operador del cargador TCM L-20, algunos comienzan a llamarle Trompo loco. Y es que es bien difícil de creer que en el perímetro de la fábrica su equipo recorra más de 100 kilómetros en una jornada de trabajo.

Yo siempre estoy en movimiento. Abastezco de áridos a las dos líneas de bloques, a la de terrazo, recojo algún material regado en el patio y hago cuanto se necesite. Un día voy a contar los viajes que doy, de aquí para allá y de allá para acá, dice mientras arranca y se apresta a dar la próxima vuelta.

Cuando Antonio Haitel Cueli entró a este centro, no imaginó que un día llegaría a convertirse en un hombre importante dentro de él.

"Comencé como ayudante en una de las líneas. Después pasé al montacargas hasta que me hice operador de planta, el corazón de la fábrica. En ese oficio, en el que llevo varios años, jamás he visto tanta cohesión como ahora. Los resultados productivos hablan. Estamos conscientes de que de nosotros depende la mayoría de las obras de la Batalla de Ideas que se ejecutan en la provincia.

El cargador de bloques es operado con eficiencia.

"También es decisivo el apoyo de los mecánicos Frank, El Indio, Delvis, quienes están al tanto de todos los detalles para que no se paralice la producción".

Precisamente, esos detalles engrandecen al colectivo. Hoy, según precisiones de Roberto Hernández Linares, director de la Empresa de Materiales de la Construcción avileña, la bloquera de la Ciudad del Gallo es uno de los mejores centros de la entidad, y apuesta por el quehacer de sus directivos y trabajadores.

"Tienen 679 000 pesos de ganancia, el costo por peso de producción es de 85 centavos y, además del ahorro de portadores energéticos, de cada 100 bloques solo 1,7 sale con dificultad, la mejor muestra de la eficiencia en el proceso."

Un hasta luego, no sin que los trabajadores le comentaran al redactor que si el material periodístico se publica próximo a la fecha del 5 de Diciembre, Día del Constructor, por medio de estas líneas recordara enviarle un saludo a todos los cascos blancos, en espera de que alguien, de otras bloqueras del país, los rete en una fraternal emulación.

 

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