Voluntarios que desandan comunidades, charlas instructivas,
plegables, anticonceptivos, consejerías, una línea de ayuda,
asistencia médica, centros de prevención y atención... describen el
panorama cubano de estos tiempos.
Por eso ya SIDA no es una palabra marginada, y más allá de su
significado —Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida—, encierra una
labor humanitaria en la que no sobran esfuerzos para luchar por la
vida; aun cuando se está enfermo.
En Cuba, la cifra de los diagnosticados con el VIH desde 1986
(año en el que se detectó el primer caso) sobrepasa los 9 000 y
actualmente viven con el virus unas 7 300 personas, número que
mantiene un incremento anual.
Investigaciones del Centro Nacional de Prevención ITS/VHI/SIDA
reflejan que el mal se desplaza hacia los mayores de 40 años,
mientras en los jóvenes se estabiliza la tasa. Entre las principales
causas de esta situación, los especialistas refieren el uso del
condón; una práctica que se ha incrementado en la juventud, no así
en los mayores donde es menos frecuente la protección.
La alta percepción de riesgo ha influido para que las personas
acudan a realizarse las pruebas y por ello, aumente también el
número de casos.
En este sentido, Rosaida Ochoa Soto, directora del centro,
considera que los análisis para determinar la presencia en sangre
del virus deben ser una rutina y no un evento esporádico, pues si el
VIH se detecta tempranamente se reduce el contagio hacia otras
personas y se alarga el periodo de adquirir la enfermedad (SIDA).
Así, hoy el Programa Nacional de Prevención del VIH dirige sus
pesquisas a los segmentos de la población menos expuestos a contraer
el virus y en apenas cinco meses se han realizado, apoyadas por una
consejería antes y después del diagnóstico, más de 300 000 pruebas
anónimas y confidenciales.
Las estadísticas sobre el VIH/SIDA en nuestro país muestran que
el 81% de los diagnosticados son hombres —con predominio de los
homosexuales— y el 19% mujeres. No obstante, se experimenta un leve
incremento en las féminas dado, fundamentalmente, por la presencia
de hombres bisexuales que transmiten el virus a sus esposas o
pareja. Estas circunstancias son perjudiciales también para la
gestación, explica Rosaida.
Sobre la maternidad en las mujeres infestadas los especialistas
cubanos señalan solo un 3% de probabilidades de que el feto
contraiga el virus. Si previamente y durante el embarazo la madre se
somete a un riguroso tratamiento, se le hace cesárea y no amamanta a
su bebé, el cual, aun con estas precauciones, se continúa observando
durante18 meses aproximadamente.
Pero esta dedicación no incluye solo a las embarazadas.
Todas las personas diagnosticadas con VIH reciben orientaciones
para aprender a vivir con el virus o con la enfermedad. De acuerdo
con algunos síntomas o con la cantidad de linfosito CD4 (miden las
defensas del organismo) se recibe un tratamiento antirretroviral
gratuito que reduce la carga del virus y disminuye la posibilidad de
contraer enfermedades oportunistas.
Estos medicamentos producidos en Cuba elevan la calidad de vida y
aumentan la supervivencia de las cerca de 3 040 personas que hoy los
necesitan. Pero más allá de estos cuidados médicos, la integración a
la sociedad constituye un fin para todos los involucrados en la
lucha contra el SIDA. Por eso, los 13 sanatorios que existen en el
país solo son concebidos para cuidados extremos de salud o para
casos con difíciles condiciones sociales.
La cotidianidad encuentra a los seropositivos en disímiles
lugares aunque muchos los reduzcan a promotores, voluntarios o
consejeros vinculados a la prevención y la atención; labores que
también realizan muchas personas que proclaman el amor a la vida por
encima del placer fugaz.
Según Gloria Pausada Martínez, especialista principal del
componente educativo del grupo provincial de prevención y control de
la ITS/VIH/SIDA en Ciudad de La Habana, hoy en la capital se
registra el 53,3% de los infectados del país y todos sus municipios
son considerados de alto riesgo, fundamentalmente La Habana Vieja y
Centro Habana, territorios con mayor número de casos.
Aunque Cuba presenta uno de los índices menores de infección por
SIDA de Latinoamérica, el peligro acecha. Necesario se hace la labor
de todos los voluntarios para ejercer la mejor de las medicinas, esa
que más que curar, prevenga.