Un paneo de la cámara de televisión presenta al Premier israelí
meditativo y, frente a él, al Presidente palestino, con alguna
satisfacción por lo logrado.
Entre los presentes y en la comunidad internacional que acude al
acto a través de los medios de comunicación, de seguro que se
reconoce cuán lejos está la solución siempre que esta se busque con
interlocutores tan comprometidos con la guerra. Jamás Bush y su
gobierno podrían lograr ese anhelo universal.
La obra de teatro se desarrolló en la ciudad norteamericana de
Annapolis, hasta donde fueron convocados por el jefe de la oficina
oval para —al menos de manera mediática— hacer creer al mundo que en
ese escenario y con ese anfitrión puede encontrarse la paz entre
palestinos e israelíes.
Al consabido fracaso, el mandatario del gobierno que entrega cada
año más de 18 000 millones de dólares en armas a Israel, replicó,
como un avezado maestro de ceremonia encargado de leer el único
logro: el compromiso de las partes de llegar a un acuerdo antes de
finalizar el año 2008. ¿Uno más?
En la convulsa ciudad de Gaza, mientras tanto, la metralla
israelí lanzada desde un avión de combate ponía fin a la vida de dos
palestinos. Otros seis miembros de Hamas resultaron heridos.
Son nuevas víctimas de una tragedia de más de 50 años, con los
mismos victimarios: Israel y Estados Unidos.
Un otoño sin frutos, así calificó la cita con Bush la dirigencia
de Hamas, ese movimiento palestino que gobierna en Gaza, que no
recibió invitación a la reunión.
Al final el foro pareció más bien un expreso interés del jefe de
la Casa Blanca para tratar de cambiar su imagen de guerrero
derrotado por la de mediador¼ también fracasado.
Apostar a que podría haber un acuerdo de paz entre palestinos e
israelíes antes de concluir el próximo año —es decir, antes de que
Bush concluya su mandato— pareciera la despedida del presidente, en
otro tema del que sale con las manos vacías y manchadas de sangre.
"Lo que vemos es una fiesta de despedida para George W. Bush y un
intento desesperado para retratarlo como un gran líder que tuvo
éxito en hacer lo que otros dirigentes estadounidenses fracasaron en
hacer", dijo en Gaza Ahmed Youssef, una figura de alto rango del
movimiento islámico.
No obstante, la vocero de la Casa Blanca, Dana Perino, calificó
como un éxito la conferencia, durante la cual —dijo— israelíes y
palestinos acordaron relanzar sus negociaciones de paz.
Ya puede bajarse el telón. La obra de teatro ha terminado.
Hasta los camerinos va el presidente y su séquito. A su lado la
inseparable secretaria de Estado, Condoleezza Rice. Ambos sonríen
como para darse ánimo uno al otro.
En la sala quedan los invitados, que tratarán ahora de llevar, al
menos a los papeles, un compromiso más, de esos tantos que ya ni se
mencionan, irrespetados por Tel Aviv, como ocurre con tantas
resoluciones de la ONU.
El mundo, mientras tanto, sigue en esta inercia que se debate
entre reconocer la importancia de un Estado palestino y no hacer
nada por que cese el crimen de Washington e Israel contra una
población a la que se le niega todo, empezando por su derecho a la
existencia misma.
Entre las interrogantes más comunes sobre este proceso, el futuro
de la Ciudad Santa aparece como uno de los principales escollos.
¿Será algún día Jerusalén la capital de los dos estados?
¿Y el retorno de los refugiados palestinos? ¿Habrá paz interna
que permita a los distintos grupos ponerse de acuerdo en la
conducción de un futuro Estado?
Estas y otras muchas preguntas no pueden continuar como cuentas
pendientes de un mundo al que el imperio quiere gobernar con guerras
y muertes.