Se afirma, no sin razón, que medio punto es mejor que nada, y
ayer el cubano Leinier Domínguez y el noruego Magnus Carlsen
prefirieron aferrarse a ese viejo refrán deportivo al dividir
honores durante la primera partida clásica de la tercera ronda de la
Copa Mundial de Ajedrez.
En la partida, vista en el sitio digital del certamen, en la
ciudad rusa de Khanty-Mansiysk, el antillano (2 683) —considerado en
la actualidad el mejor trebejista de Latinoamérica—, condujo las
piezas blancas, y planteó una apertura Ruy López que le posibilitó
materializar una discreta ventaja de tres peones por dos su rival.
Según los especialistas, a esas alturas del encuentro, casi ya en
los finales, la posición de igualdad por ambos lados no permitía
otra solución posible sino el empate que fue firmado tras 45
movidas.
Este resultado obliga hoy al Ídolo de Güines, en la segunda
clásica de este sábado —desplazará las piezas negras—, a jugar para
ganar o buscar otro empate y dejar correr la suerte en la serie de
partidas semirrápidas de mañana domingo.