|
|
|
Sobre un ángel de apellido Augier
Virgilio López Lemus
Ningún poeta cubano había alcanzado jamás la edad de 97 años.
Cuando hoy 1º. de diciembre Ángel Augier, nacido en 1910, abra sus
ojos al día, Cuba tendrá un poeta de esa edad y los cubanos lo
celebraremos con gozo. Comenzó muy joven, era un chico veinteañero
cuando tomó dos decisiones transcendentales para su vida, ambas
durante el infausto machadato: publicar su primer libro de poemas
Uno (1932), y mudarse luego para La Habana desde el Central
Santa Lucía, en Gibara, Oriente, donde había nacido, y donde comenzó
a trabajar en las oficinas del ingenio azucarero y a vincularse con
el primer Partido Comunista, motivo por el cual se le considera
actualmente como el militante más antiguo de la Nación. Con el
tiempo, se convertiría en el más importante entre los estudiosos de
la obra de Nicolás Guillén, su labor lo ha llevado a ser uno de los
críticos literarios de mayor significación del siglo XX cubano, y de
lo que va del XXI. Con una veintena de libros de poemas publicados y
otros varios de ensayos y compilaciones muy diversas, implanta ahora
el aludido récord de sobrevivencia en nuestras tierras insulares.
Ángel
Augier, ejemplo vivo de amor por la poesía.
Así es que los cubanos tenemos muchos motivos para celebrarle a
Augier un año más de vida. Nuestro Premio Nacional de Literatura
(1991), ha sido condecorado con algunas de las distinciones más
altas del país (Orden Félix Varela de Primer Grado, 1982) y de otras
tierras, y sigue siendo un hombre útil, querido y respetado, un
escritor e investigador incansable, alguien que de continuo está
pensando en su último libro, que es el que tiene entre manos, el que
organiza ahora mismo. Tenacidad, sentido del deber creativo,
honestidad y limpieza de alma, son algunos de los dones que nos deja
ver el que antaño fuera subdirector del Instituto de Literatura y
Lingüística (de donde es Investigador de Mérito), vicepresidente de
la UNEAC, y sobre todo un trabajador de sobrada ejemplaridad (Héroe
del Trabajo, 2004).
Nacido el mismo año que José Lezama Lima, José Ángel Buesa y Dora
Alonso, Augier ha entregado poemarios de alta calidad lírica, como
Isla en el tacto (1965), Todo el mar en la ola (1989), o
la notable compilación de su obra lírica en Antología poética
(1928-2000), editada en el 2005.
Algunos de sus ensayos medulares se refieren a Guillén, y otros a
las estancias cubanas y las relaciones con nuestra cultura de
grandes personalidades como Rubén Darío, Pablo Neruda, Federico
García Lorca o Rafael Alberti. Sus estudios sobre estas y otras
figuras son sencillamente imprescindibles para quienes pretendan un
conocimiento a fondo también de sus épocas. Augier, fino prosista,
se ha detenido en el análisis de la poesía cubana, en sus figuras
centrales de los siglos XIX y XX, y en algunas de las líneas
creativas más importantes, como es el caso de la poesía social o de
textos dedicados a la ciudad de La Habana. Su labor de compilación y
de amplio servicio de divulgación y conocimiento de las obras de
otros poetas, son ejemplos vivos de generosidad y amor por la
poesía.
Alguien decía alguna vez en broma, que a Ángel Augier habría que
nombrarlo ya Presidente de Honor de la comisión que organice los
actos por su centenario. Puede parecer una feliz idea: no falta
tanto, y el poeta está firme y decidido a acompañarnos en tales
festejos. Por ahora, deseémosle mucha salud y démosle las gracias
por vivir una vida tan extensa, intensa y rica en acciones de valor
para la cultura cubana. |
|
|