VALLE DE CAUJERÍ, Guantánamo.— La finca Las Dalias, en la
Cooperativa de Producción Agropecuaria 17 de Mayo, fue escenario de
una singular porfía, entre las lluvias y los hombres y mujeres de
esa CPA. Las primeras empeñadas en destruir lo sembrado; los
segundos persistentes en su afán de plantar de nuevo lo que el agua
se llevó.
Tres veces las precipitaciones arrasaron lo sembrado y cuatro
veces comenzaron a crecer saludables tomateras, hasta que al fin
dominaron los cooperativistas.
Si las lluvias vuelven a dañar, volveremos a sembrar. No nos
daremos por vencidos, señala Jesús Durán, jefe de una brigada. Y su
decisión fue respaldada por Francisca Leyva y Nancy Núñez, dos
labriegas que con su andar en el surco contribuyen a la recuperación
de su CPA y de Valle de Caujerí, donde la finca Las Dalias es
ejemplo.
Los más de 900 milímetros de lluvias reportados en esta zona en
octubre arrasaron con 10 caballerías plantadas de tomate, y
afectaron severamente otras 16 de cultivos varios.
El daño productivo se estima en 80 000 quintales, de ellos unos
47 000 de tomate, informó Reyneris Ordúñez Matos, jefe del Mando
Único en Valle de Caujerí.
Las crecidas de los ríos, arrastres y el vertimiento por primera
vez en 24 años de la presa Pozo Azul, también causaron estragos de
significación en los viales y en el sistema de riego.
La recuperación de los perjuicios en un sitio agrícola como este,
de importancia en el suministro de alimentos a la ciudad de
Guantánamo, comenzó por la cosecha de las producciones aptas para el
consumo y el rescate de los viales.
Paralelamente se reprogramó el plan de siembra con prioridad en
cada estructura productiva (CPA, CCS, UBPC) a cultivos de rápida
cosecha, explicó Reyneris que ya han sembrado más de ocho
caballerías de esos renglones, de ellas cuatro de tomate, cultivo
principal en Valle de Caujerí. El propósito es terminar el mes con
no menos de 10 caballerías sembradas y sumar, como mínimo, otras 12
en diciembre. Ese empeño se sustenta en la garantía que ofrecen las
simientes obtenidas en las Casas de Cultivo Protegido del propio
Valle.
Para quienes tuvimos el privilegio de constatar la agilidad y
seriedad con que se labora en ese paraje, no hay por qué dudar que
en breve curen las heridas de Noel y de las lluvias precedentes.
Más de 500 yuntas de bueyes y cientos de hombres y mujeres
simbolizan hoy el trabajo en los campos del Valle de Caujerí.