Singular porfía en Valle de Caujerí

Jorge Luis Merencio Cautín

VALLE DE CAUJERÍ, Guantánamo.— La finca Las Dalias, en la Cooperativa de Producción Agropecuaria 17 de Mayo, fue escenario de una singular porfía, entre las lluvias y los hombres y mujeres de esa CPA. Las primeras empeñadas en destruir lo sembrado; los segundos persistentes en su afán de plantar de nuevo lo que el agua se llevó.

Tres veces las precipitaciones arrasaron lo sembrado y cuatro veces comenzaron a crecer saludables tomateras, hasta que al fin dominaron los cooperativistas.

Si las lluvias vuelven a dañar, volveremos a sembrar. No nos daremos por vencidos, señala Jesús Durán, jefe de una brigada. Y su decisión fue respaldada por Francisca Leyva y Nancy Núñez, dos labriegas que con su andar en el surco contribuyen a la recuperación de su CPA y de Valle de Caujerí, donde la finca Las Dalias es ejemplo.

Los más de 900 milímetros de lluvias reportados en esta zona en octubre arrasaron con 10 caballerías plantadas de tomate, y afectaron severamente otras 16 de cultivos varios.

El daño productivo se estima en 80 000 quintales, de ellos unos 47 000 de tomate, informó Reyneris Ordúñez Matos, jefe del Mando Único en Valle de Caujerí.

Las crecidas de los ríos, arrastres y el vertimiento por primera vez en 24 años de la presa Pozo Azul, también causaron estragos de significación en los viales y en el sistema de riego.

RESTAÑAN LOS PERJUICIOS

La recuperación de los perjuicios en un sitio agrícola como este, de importancia en el suministro de alimentos a la ciudad de Guantánamo, comenzó por la cosecha de las producciones aptas para el consumo y el rescate de los viales.

Paralelamente se reprogramó el plan de siembra con prioridad en cada estructura productiva (CPA, CCS, UBPC) a cultivos de rápida cosecha, explicó Reyneris que ya han sembrado más de ocho caballerías de esos renglones, de ellas cuatro de tomate, cultivo principal en Valle de Caujerí. El propósito es terminar el mes con no menos de 10 caballerías sembradas y sumar, como mínimo, otras 12 en diciembre. Ese empeño se sustenta en la garantía que ofrecen las simientes obtenidas en las Casas de Cultivo Protegido del propio Valle.

Para quienes tuvimos el privilegio de constatar la agilidad y seriedad con que se labora en ese paraje, no hay por qué dudar que en breve curen las heridas de Noel y de las lluvias precedentes.

Más de 500 yuntas de bueyes y cientos de hombres y mujeres simbolizan hoy el trabajo en los campos del Valle de Caujerí.

 

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