Cada
cinco minutos muere un niño como consecuencia de la guerra y muchos
más son heridos de gravedad, incluso el pasado 20 de noviembre, cuando
se conmemoró el Día Internacional del Niño.
De los aproximadamente cuatro millones de iraquíes desplazados, en
su propio país y fuera de él, un millón y medio son niños. La mayoría
no tiene atención sanitaria básica, educación, techo, agua ni
condiciones de higiene. Lleva sobre sus espaldas las trágicas
consecuencias de una guerra sin sentido.
Cien médicos británicos e iraquíes han afirmado que: "(¼
) Se deja morir a cientos de niños enfermos o heridos que podrían
tratarse con medios sencillos simplemente porque no se tienen los
medicamentos elementales u otros recursos. Los menores que han perdido
las manos, los pies y las extremidades carecen de prótesis. Los que
padecen graves problemas psicológicos están sin tratamiento".
No importa que de acuerdo a la resolución 1483 del Consejo de
Seguridad de Naciones Unidas, tanto Estados Unidos como el Reino Unido
estén reconocidos como los poderes ocupantes de Iraq y que como tal
estén obligados al cumplimiento de las convenciones de La Haya y de
Ginebra que les consideran responsables no solo de mantener el orden
sino también de dar respuesta a las necesidades médicas de la
población, según un artículo publicado por Rebelión.