MATANZAS. — En medio de la noche algo fría y tranquila percibimos
de repente el sonido estruendoso de los pesados tanques. Marchaban en
la oscuridad, aprovechando las condiciones del terreno y ocultándose
de los posibles observadores.
Iban bajo la única luz de las estrellas, con el propósito de ocupar
posiciones ventajosas en el terreno y estar listos en el menor plazo
previsto para enfrentar al enemigo.
Fue imposible obtener una visión objetiva de la marcha combativa;
se sumerge uno en ella como parte de las tropas.
Eran pequeñas unidades de una gran unidad de tanques del Ejército
Central. A ambos lados de la columna de los fornidos carros, iban
unidades de infantería. Parecían oscuras figuras inmersas en el vasto
campo de la región matancera. Bajo sus pies sentían la sacudida de la
tierra debido al continuo estampido de las esteras.
Al llegar hasta donde nos encontrábamos hicieron un alto. El
teniente Raúl Pérez Martínez, parecía dominarlo todo desde su
posición. Al señalar a los reguladores de la macha la ruta más
expedita dejó entrever la destreza y habilidades adquiridas durante el
año de preparación para la defensa. Ahora en el terreno, mediante este
ejercicio, es donde se pone de manifiesto lo aprendido y ejercitado
tantas veces, dijo a los reporteros el joven oficial. Estamos
satisfechos porque los muchachos han respondido según lo previsto. Una
vez más se demuestra la firme convicción de victoria.
A escasa distancia de allí se hallaba ahora oculto a la vista, tras
una elevación del terreno, el lugar donde estos hombres y su técnica
de combate se apostarían para ocupar sus puestos e impedir el paso del
enemigo.