Casi imperceptible. Pero ante el sonido de la campana y la orden de
"en combate", de debajo de las ramas salen raudos, uno por uno, varios
uniformados con sus fusiles. Durmieron en esa chabola, construida con
horquetas, nailon y hojas verdes para el enmascaramiento; ahora han de
volver a su tanque para emprender la marcha.
Ya antes vencieron numerosos obstáculos durante el desplazamiento
para abandonar la ubicación permanente: lomas por donde tenían que
bajar a 30 grados de inclinación, ríos que prácticamente tapaban los
rodillos del carro, fango que les obligaba a multiplicar velocidad
para conseguir fuerza, caminos estrechos para el vehículo.
Cargador, artillero, conductor y jefe de tanque compartieron el
espacio, las peripecias sobre el terreno, los días en esta región. Han
vivido horas singulares en el ejercicio Moncada 2007.
No solo tuvieron que ocultar el sitio donde dormían, sino que de
igual modo ellos y el resto de las dotaciones cubrieron cada rincón
del campamento y, por supuesto, los carros de combate. La vegetación
fue su principal aliada, además de algunas redes.
La región de designación combativa cumple los requisitos:
protección y seguridad, enmascaramiento de la técnica, condiciones de
vida¼ Nada quedó sin prever: borraron las
huellas de los tanques y aun confeccionaron una maqueta desde la cual
plantear las misiones a los jefes de pequeñas unidades.
Listos para un supuesto enfrentamiento contra el enemigo, comienzan
a distribuir tareas: próximo despliegue, crear centros de resistencia,
ocupar posiciones clave. El horizonte está encerrado en la mira de los
medios de fuego: no hay interés en la guerra, pero estamos preparados
por si viene.