El
Pentágono ha estado ocultando la verdadera cantidad de bajas mortales
estadounidenses en la guerra de Iraq. La verdadera cantidad excede las
15 000 y CBS News puede probarlo.
La Unidad de Investigación de CBS quería hacer un informe sobre la
cantidad de suicidios en las fuerzas armadas y "presentó una solicitud
según la Ley de Libertad de la Información al Departamento de
Defensa." Después de 4 meses recibió un documento que muestra —que
entre 1995 y 2007— hubo 2 200 suicidios entre soldados "en servicio
activo."
Tonterías.
El Pentágono ocultaba la verdadera magnitud de la "epidemia de
suicidios." Después de una investigación exhaustiva de los datos de
suicidios de veteranos proveniente de 45 estados, CBS descubrió que
solo en el 2005 "hubo por lo menos 6 256 entre los que servían en las
fuerzas armadas. Es decir 120 en cada una y en todas las semanas de
solo un año".
No es un error de tipografía. Personal activo y en retiro de las
fuerzas armadas, sobre todo jóvenes veteranos entre 20 y 24 años,
vuelven del combate y se matan en cantidades récord. Podemos suponer
que "múltiples períodos de servicio" en una zona de guerra han
precipitado una crisis de salud mental desconocida por completo por el
público y que es negada totalmente por el Pentágono.
Si sumamos las 6 256 víctimas de suicidios del 2005 a las 3 865
víctimas "oficiales" de los combates de las que hablan, obtenemos una
cifra de 10 121. Incluso, un cálculo exageradamente bajo de cifras
similares de suicidios para el 2004 y 2006, significaría que la
cantidad total de víctimas estadounidenses de la guerra de Iraq excede
ahora las 15 000.
Así es; 15 000 militares estadounidenses, hombres y mujeres,
muertos en una guerra que —hasta ahora— no tiene justificación legal o
moral.
CBS entrevistó al doctor Ira Katz, jefe de salud mental en el
Departamento de Asuntos de Veteranos. Katz trató de minimizar la
"oleada" de suicidios de veteranos, diciendo: "No hay una epidemia de
suicidios en Asuntos de Veteranos, pero los suicidios constituyen un
problema importante."
Tal vez Katz tenga razón. Tal vez no haya una epidemia. Tal vez sea
perfectamente normal que jóvenes hombres y mujeres vuelvan del
combate, se hundan en una depresión inconsolable, y que haya más que
se suicidan que los que mueren en el campo de batalla. Tal vez sea
normal que el Pentágono los abandone en cuanto vuelven de su misión
para que se puedan volar los sesos o se cuelguen con una manguera de
jardín en su sótano. Tal vez sea normal que los políticos sigan
financiando una matanza generalizada, mientras dejan de lado a las
víctimas que han producido con su indiferencia y falta de coraje. Tal
vez sea normal que el presidente persista en repetir las mismas
mentiras insípidas que perpetúan la ocupación y que siguen matando a
muchísimos jóvenes soldados que se arriesgaron por su país.
No es normal; es una pandemia —un estallido de desesperación que es
el corolario natural de una vida en constante temor—; de ver que sus
amigos son desmembrados por bombas al borde de la ruta, o que niños
son despedazados en puestos de control, o de encontrar cuerpos
maltratados tirados al lado del lecho de un río como si fueran bolsas
de desperdicios.
La erupción de suicidios es el vástago lógico de la guerra de Bush.
Los soldados que vuelven están traumatizados por sus experiencias y
ahora se matan en masa. Tal vez debiéramos haber pensado en eso antes
de la invasión.