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1967-2007
El semblante del Che en el velo del tiempo
DAYAN JAYATILLEKA
La literaria imaginación del genio a menudo es más intuitiva sobre
el desplazamiento de la historia que la del historiador, filósofo o el
científico social. En 1842, seis años antes de la publicación del
Manifiesto Comunista, Heinrich Heine previó el papel y destino del
Comunismo en estos términos dramáticos: "El Comunismo es el nombre
secreto del adversario aterrador que pone el dominio proletario, con
todas sus consecuencias, en contra del dominio actual de la burguesía.
Como terminará nadie sabe, menos los dioses y las diosas quienes
conocen el futuro. Nosotros solo sabemos esto: El Comunismo, aunque
ahora se discute poco y se holgazanea en buhardillas ocultas en los
miserables camastros de pajas, es el héroe secreto destinado por un
gran papel, aunque sea temporal, en la tragedia moderna".
De todos aquellos que se presentaron para el papel del héroe
secreto de la tragedia moderna, ninguno jugó el papel de una manera
tan memorable en la pantalla de la historia como el Che. Su belleza y
su ‘mirada’ (en el sentido de ‘la mirada’ descrito por Sartre), la
estética precisa que él constituyó, son los símbolos de la trinidad de
rebelde-héroe-mártir. Soren Kierkegaard escribió de dos tipos de
héroes: ‘héroes de pensamiento’ y ‘héroes de acción’. Existen
intelectuales, pensadores, y escritores que son individualistas y
apasionados y que sobresalen de lo normal, águilas de montaña que se
posan en peñascos aislados.
Existen, por otra parte, aquellos que se de dedican a empresas
hercúleas o sisíficas en el servicio de una causa colectiva. El Che
fue una síntesis.
El experimento comunista surgió de las contradicciones de la
Modernidad. Siempre contenía el ‘momento’ de lo heroico. El más sutil
de los pensadores marxistas después de Antonio Gramsci, Walter
Benjamin, comentó en su estudio de Charles Baudelaire (Che fue un
fanático voraz de Les Fleurs du Mal (Las flores de mal) de
Baudelaire) que "el héroe es el autentico sujeto del modernismo. En
otras palabras, se requiere una constitución heroica para vivir en el
modernismo. Esa fue también la opinión de Balzac". El héroe comunista
fue modernista. "Lenin fue un hombre del nuevo mundo de la cabeza a
los pies. He aquí su inmensa singularidad, he aquí su inexpresable
encanto", observó Lunacharsky. Che, un héroe de los últimos tiempos de
la Modernidad, fue la personificación de sus rasgos de descontento,
búsqueda, movilidad, cohibición, intensidad y violencia.
Es difícil, siempre lo dicen, imaginar cómo sería el Che si hubiera
vivido hasta hoy, pero uno puede suponer con tranquilidad que él
hubiera sido como Federico Engels, con esa misma sensibilidad; su
estilo de escribir, serenamente confiado y lucidamente analítico; su
profundo interés en el aspecto militar de la política internacional
(el apodo de Engels era ‘El General’); sus intervenciones Paulinas en
el movimiento socialista internacional. Excepto una serie de
cualidades, que Engels no tenía: la inquietud del Che, sus conflictos
internos, su autorreflexión, su propensión a tomar riesgos, y la
propulsión
a que se sometió: su Mesianismo.
Friedrich Nietzsche criticó al Cristianismo, la Revolución Francesa
y el Socialismo señalando su aspecto ordinario, su continuidad,
contigüidad. Otros han dicho que el Marxismo fue una ‘religión
secular’ (Raymond Aron), la tercera gran religión global (Regis Debray)
siguiendo el Cristianismo y el Islam. (El Hinduismo y el Budismo no se
extendieron globalmente). El Marxismo comparte con estas religiones
dos características estructurales: ‘el Libro’ y ‘el martirio’. Los
estudiosos como Zbiegniew Brzezinski y Hugh Seton-Watson han ido más
lejos y señalaron que la trayectoria del Comunismo es similar a la de
la Iglesia: desde la persecución hasta el poder, desde la ideología de
esclavos hasta la religión oficial del Estado, divisiones debidas a
diferentes doctrinas, las sectas y cismas, la caza de las herejías,
las Inquisiciones. Nosotros por nuestro lado podemos percibir, en
retrospectiva, que la Iglesia sobrevivió el fratricido derramamiento
de sangre pero el Comunismo no, precisamente porque fue una religión
secular. La derrota y el fracaso no pudieron ser consolados por la fe
en un Todopoderoso o en una vida después de la muerte.
Fidel a menudo decía que los comunistas en la vida clandestina eran
como los cristianos en las catacumbas y que su idea de los cuadros muy
bien comprometidos son como las órdenes sagradas de las monjas. Tanto
para el movimiento Comunista como para el Cristianismo, "la sangre de
los mártires es la semilla de la iglesia". Si el Marxismo fue una
religión (secular), entonces el Che fue el más cercano a una figura de
Cristo. ¡Uno se maravilla de la mezcla de auto burla, la intuición
profética y la determinada autodefinición que hizo que Ernesto Guevara
puso ‘el día de San Guevara’ como el subtítulo de la sección de sus
Notas de Viaje sobre sus 24 cumpleaños! Él fue traicionado y
abandonado por los Fariseos del Socialismo: los partidos
latinoamericanos de la Iglesia de Moscú y la Iglesia de Beijing.
Alejado del alcance y la ayuda de Fidel, demasiado lejos de Cuba — lo
mas cercano que jamás tuvo como hogar —, fue asesinado en cautiverio
luego de muchas horas de dolor y tormento por los esbirros adiestrados
por el Imperio Romano de nuestros tiempos, los EE.UU. El Che dio su
vida para ‘crear dos, tres, muchos Vietnam o un solo Vietnam del
mundo’. Meses después de la muerte del Che en octubre del 67, vino su
resurrección en la primavera del 68, la Ofensiva del Tet en Vietnam,
que alimentó a la rebelión de la juventud por todo el Occidente con su
omnipresente fotografía de Korda, en los carteles de color rojo
oscuro, y el lema declarando que ¡‘CHE VIVE’!.
Mientras tanto, Fidel había pronunciado su discurso en la Plaza de
la Revolución en La Habana frente a mas de un millón de personas,
tarde en la noche del 18 de octubre. Fue en este discurso que él usó
toda su magia como uno de los mejores oradores del siglo, para
transmutar la derrota del Che en una victoria histórica y moral. Las
frases de Fidel, como en la Segunda Declaración de La Habana (‘el
deber de cada revolucionario es hacer la revolución’), se convertirán
en consignas, mandamientos y constituyen un marco de definición. "Si
el Che tuvo talón de Aquiles, fue su excesiva indiferencia al
peligro... Si nos preguntan cómo queremos que sean las futuras
generaciones, decimos, que sean como el Che... Al Che y a los héroes
que pelearon y murieron con él, decimos, ‘hasta la victoria siempre’".
Pero eso solo no puede explicar la amplitud y la profundidad de lo
atractivo del Che. ¿Como es que él es un símbolo fuera de la esfera de
la civilización cristiana? ¿Fuera de la zona de la influencia cultural
y la ontología del Occidente? Esto es porque él es la personificación
de una síntesis que es rara: del Razón y Romanticismo, de
medios colectivos e individuales, de escritor-intelectual y del hombre
combativo de acción. La historia de la Revolución en general está
repleta con ejemplos de tales seres humanos, desde Tom Paine hasta
Saint-Just y Lenin. Che perteneció a esta especie.
Pero, él perteneció a una dimensión
aún más profunda. Él fue infinitamente más accesible porque fue
conscientemente mas transparente – a través de sus escrituras,
particularmente sus diarios y memorias. Él comunicó más de si mismo, y
así nos dejó más de si mismo. El único otro ejemplo en los tiempos
modernos de la intimidad del héroe intelectual es el de Los Siete
Pilares de la Sabiduría de T.E. Lawrence. Pero Lawrence revela su
indignación hacia la política de poder imperial manipuladora de sus
jefes, mientras el Che estaba peleando por una causa que era más pura
en su concepción, y no podía ser manipulado y no fue manipulado por
nadie.
La historia de la filosofía es mezquina al extremo en la aprobación
de individuos reales. Es difícil que los filósofos identifiquen a las
personas, mucho menos exaltarlas. Las excepciones son legendarias. Con
Plato, era por supuesto Sócrates. Con Hegel, era Napoleón, el espíritu
mundial concentrado en un hombre montado en un corcel blanco,
revisando sus tropas después de la Batalla de Jena. Con Nietzsche era
él mismo, apenas disfrazado al principio como el ficticio Zarathusthra.
Para Jean Paul Sartre, el héroe existencial fue por la mayor parte
representado por sus caracteres ficticios y dramáticos, como fue el
caso de Camus y su doctrina de lo absurdo. Pero Sastre — posiblemente
el filósofo más influyente de los tiempos posguerra — haría una
excepción importante para un hombre. El Che. Después de una visita de
varias semanas en Cuba, y las conversaciones que él y Simone De
Beauvior tuvieron con Guevara, Sartre célebremente lo calificó como
‘el hombre más completo de su tiempo’.
En decir ‘completo’ queremos decir que Sartre se refiría
principalmente a un hombre del Renacimiento que era completo por la
virtud de ser una personalidad equilibrada de vasta cultura, con una
mente enciclopédica y un físico fuerte. Marx y Engels fueron
ejemplares modernos de este tipo de hombre. En decir ‘completo’ es más
correcto apreciar el esfuerzo creativo y la tarea que esto implica, un
trabajo tan productivo como estético, la lucha por producir algo —
incluyendo un trabajo de arte (y aquí repito las palabras de Haydee
Santamaría hablando del Che). El Che fue el hombre más completo de su
tiempo en el sentido de que su personalidad, su individualidad y su
conciencia fueron las más avanzadas y por tanto las más completas de
todos los hombres de su era. Che fue creado por él mismo en el sentido
existencial de Sartre: por sus propias elecciones y proyectos.
Che fue el ‘Hombre superior’— para usar el término de Nietzsche —
de la Era del Socialismo y la Revolución. Nietzsche dijo que el
‘Hombre es algo que hay que superar’. Che sintió que el hombre
burgués, el hombre en el sentido pequeño burgués y burgués de la
palabra, el hombre de la antigua sociedad, era algo que había que
superar — y reemplazar por el Hombre Nuevo. Para Nietzsche, el desafío
debió ser crear al ‘hombre superior’ (incorrectamente presentado como
el ‘Superhombre’ y horriblemente identificado con el Nazismo por
prejuicios convencionales, del cual él ha sido apenas recientemente
rescatado.) Sin embargo, el concepto del ‘Hombre Superior’ de
Nietzsche alcanzaría su estatus por medio de un proyecto individual,
si bien uno que fue turbulento, tempestuoso. El Hombre Nuevo del Che,
en que él se esforzó por convertirse, fue el producto de inmersión en
un proyecto colectivo. En la persona del Che se hizo congruente algo
que es frecuentemente no lo es — las polaridades de una individualidad
desarrollada por un lado, y la identificación y compromiso activo con
un proyecto colectivo, por el otro. En El Hombre y el Socialismo en
Cuba, Che expuso que es precisamente por tal identificación y
participación (lo que le parece a este lector como análogo al ‘salto’
de Kierkegaard) que era posible conseguir la forma más elevada de la
personalidad individual. Y este postulado él lo probó en la práctica.
¿Es posible encontrar en todo el siglo XX, otro individuo que se
esforzó para habitar ‘la situación extrema’ y la ‘experiencia límite’,
como este hombre, quien luchó y murió por una causa
colectiva-universal y siguió una ideología profundamente social? ¿ Se
puede señalar a una personalidad individual producida por las
filosofías y doctrinas del individualismo puro, hasta una personalidad
en la literatura, que fue más indeleblemente grabada, más interesante,
más difícil y más dramática que el Che?
Los escritos del Che son cinemáticos: parte cámara, parte guión.
Aunque no fueron publicados en una secuencia cronológica, ahora
podemos captar los textos en serie – Notas de Viaje sobre sus
viajes por América Latina; Los diarios de la América Central, que
refieren al encuentro con Fidel y los cubanos; sus variadas memorias
de la Guerra Revolucionaria cubana, las crónicas lacerantes del Congo,
la tragedia casi insoportable del incompleto Diario de Bolivia. Su
modo particular fue literario-visual. Los escritos deben ser tomados
juntos con las fotografías: Che era el más fotogénico – y por
consiguiente el más fotografiado y gráficamente retratado —
personalidad política del siglo XX. Todos estos textos y fotografías
constituyeron y también ilustraron capítulos de una narrativa
autobiográfica, con sus dimensiones internas y externas, las últimas
páginas escritas en sangre por su agonía y muerte. En su final fue su
inicio: El Diario de Bolivia nos llega con una larga introducción y el
texto de una periclea oración de despedida de Fidel.
El Che describió su intento de cambiar el mundo y por tanto el
cambio en sí mismo — lo que lo hizo tan accesible a una generación
completa de la juventud de posguerra, occidentalizada, modernizada, y
rebelde, tanto en el Occidente como en el Tercer Mundo. Hay que
reconocer que habían tres factores más que jugaron su papel. Su
apariencia, quizás no bien parecido en el sentido sano, hablando
estrictamente y convencionalmente, pero totalmente llamativo. Sus
maneras y personalidad como son revelados en sus escritos, con su
humor contemporáneo: la rara combinación de intensidad e irreverencia,
de velocidad autoimpulsada e su ingenio auto-deprecatorio. Más, el
impacto subliminal de su semejanza visual a las representaciones de
Jesucristo, culminado por las trayectorias paralelas de los días
finales del Che en la quebrada del Yuro y en Vallegrande y la marcha
forzada un milenio atrás, a Gólgota, el Lugar de la Calavera.
Nosotros presenciamos al Che de una forma que no podemos hacer con
otra figura político-histórica. Nos atraen la evolución de su
conciencia y carácter, y finalmente, en los diarios del Congo y los
diarios de Bolivia, presenciamos el tormento en su alma. El Che, de
forma simultánea, actúa, graba y revela el contexto dramático, la
trayectoria y el destino de su protagonista: El Che mismo. Cada año
uno lee al Che, y uno puede entenderlo más profundamente. Me pregunto
ahora si el diálogo en la oscuridad entre el viejo exilio
revolucionario y el joven Ernesto, la no fechada ‘Acotación al margen’
de su Notas de Viaje (1952), fue una conversación entre el Che y él
mismo. Me pregunto si eso lo llevó a su decisión quince años después
que era ‘el momento correcto’— el ‘Kairos’ como decían los griegos —
para el necesario e inevitable sacrificio. También podemos entender
por que el Che tomó la fatídica decisión de comprometerse con una
larga marcha lejos de su campamento en Nancahuazu, en Bolivia, una
marcha de la cual él nunca regresaría a la base. Esa fue una
consecuencia directa de un error o peor aún una (percibida) debilidad
que él nunca se perdonó a si mismo, hecho en el Congo, donde no se
alejó de la orilla del Lago Tanganica. Podemos también entender su
insistencia en ser el único comandante político-militar de la empresa
guerrillera en Bolivia. No fue solo parte de su teoría y su ego. Fue
parte de su estrategia: el simple hecho de su liderazgo, el pensó, le
daría una ventaja cualitativa a la lucha. Más que todo eso, fue la
reacción al desastre amargo en el Congo. Che había estado dependiente
de las decisiones y la conducta de personalidades mucho menos bravo,
inteligente y comprometido que él; una situación muy diferente a la de
su experiencia cubana, donde él luchó bajo las órdenes de Fidel
Castro, un hombre de cuya habilidad superior para liderar él nunca
dudó— ¡y con buena razón!
El contraste entre la ‘interioridad’ radical del Che, con su
ingenio mordaz, su conocimiento brutalmente sincero de sí mismo y su
autorevelación por una parte,
y la pomposidad moralista y
vanagloriante en Mi Vida, de Trotsky por la otra, es
llamativo. Si Trotsky hubieras sido
un ‘héroe de autenticidad’ como el Che, él hubiera usado sus
habilidades en la infiltración, hubiera entrado clandestinamente a
España en 1936 y hubiera colocado su indudable valor como líder
militar al servicio de la POUM anarco-trotskista, que estaba luchando
contra los fascistas de Franco (y defendiendo a sí mismo contra el
NKVD de Stalin cuando fuera necesario). Un mejor tiempo, lugar y
manera de morir. Pero irónicamente, el famoso internacionalismo de
Trotsky, a diferencia del de Che, fue (nacionalmente) limitado: ¡él se
levantó en armas por una causa que no fuera la de los trabajadores
rusos! Demasiado ‘Clasicista’ en su auto-imagen, demasiado el puritano
político para ser un héroe trágico moderno (o romántico), su destino
sería terminar como un emblema de una secta estridente, nunca
penetrando al arte y la cultura como hizo Guevara. (¿Cuántas
instantáneas tenemos de Trotsky, estirado o recostado, con una sonrisa
juguetona?)
Ernesto Guevara de la Serna fue un joven latinoamericano
inconforme. Brillantemente listo, penetrantemente perspicaz, sediento
de aventura y experiencia, con un talento para la investigación y
considerables prospectos académicos, encantadoramente pillo,
totalmente sincero e irreverente; un rebelde moderno y picaresco al
estilo Julián Sorel de Stendhal. ¿Qué transformó a este talentoso
escritor (‘el titulo de escritor es lo más sagrado en el mundo’ diría
como un lector maduro), doctor, investigador médico, trotamundos,
critico político iconoclasta y rebelde en un icono revolucionario?
¿Qué transformó a Ernesto en el Che?
Una confluencia de factores: el comportamiento de los Estados
Unidos en América Latina — principalmente su violenta conspiración
contrarrevolucionaria en Guatemala — y las cínicas depredaciones
cometidas por ese país por toda Asia y África, un indignado
nacionalismo latinoamericano, un sentido de justicia social y una
sensibilidad a la situación apremiante del pueblo, la atracción
enormemente compulsiva del Marxismo-Leninismo para una mente brillante
y fuerte temperamento rebelde, una intensa curiosidad sobre el
experimento histórico que sucedía en la Unión Soviética y en China.
Pero ninguno de estos factores aislados, ni todos tomados juntos,
fueron suficientes para comprometer al Che firmemente al camino que él
escogió. Aunque una parte de él avizoró un futuro como un combatiente
revolucionario (hay una visión apocalíptica de esto en sus primeras
anotaciones, las más beatnik, Notas de Viaje), la otra
parte de él se vio a si mismo en Europa, el mundo occidental (Paris,
Nueva York), China— viajando, escribiendo, investigando. ¿Qué,
entonces, transformó a Ernesto Guevara —"ecléctico disector de
doctrinas y psicoanalista de dogmas" como él se describió a si mismo a
los 24 años — en el Che, en vez de en un Hemingway hispáno, un Malraux,
un Louis Althusser o un Charles Bettelheim?
Fue su encuentro con Fidel Castro, la Revolución cubana (y
revolucionarios cubanos), y el afectuoso y rebelde pueblo cubano. Si
el deber de cada revolucionario es hacer la revolución, es el deber de
cada revolución hacer al revolucionario. Fue la intervención y
mediación de Cuba; la sinergia interactiva entre la particularidad de
Ernesto Guevara el hombre y el pueblo cubano sublevado, que produjo,
dio nacimiento al Che. Fue en la intersección de encuentros gemelos,
con la teoría comunista (él escribió a su madre que de ahora en
adelante el iba a dedicarse a "San Carlos") y con el proceso
revolucionario cubano, que Che fue creado; que Che se convirtió en sí
mismo — casi como si siguiera el mandato de Nietzsche de ‘¡Conviertese
en lo que eres!’
Paradójicamente, la postura Guevarista fue posible debido al
Comunismo y su crisis. Che fue el Surfista Plateado de la marea de
la revolución socialista, su personalidad más ‘vanguardista’: si
alguien personificó la categoría comunista de ‘vanguardia’ fue él. Por
otra parte, si no fuera por el hecho de la des-Stalinización (la que
él justamente criticó) y la ruptura chino-soviética (la que lamentó,
tratando de llenar ese vacío) no se hubiera abierto el espacio para la
expresión individual crítica-creativa que fue el Che: Héroe al estilo
Byron, acerado por el Bolchevismo. Para la aparición y papel del Che,
fue necesario un daño al telón del Templo del dogmatismo.
El Marxismo del Che fue como él. Fue riguroso, pero abierto y no
dogmático; creativo pero comprometido. Un admirador y fuerte
partidario de Stalin (esto está ampliamente documentado) con una
lacónico indiferencia por el Trotskismo, el también leyó a Trotsky. Él
previó un destino para el Marxismo como parte de un pensamiento
general científico político y social: sea, un Marxismo posmarxista.
Quizás esta ‘apuesta pascaliana’ que el Che hizo del Marxismo dará
resultados en el final, pero mientras tanto, él mismo consiguió ese
destino de asimilación a la conciencia humana que él anticipó para el
Marxismo. La imagen y actitud del Che se han hecho parte de la
experiencia moderna, parte de la cultura y la conciencia no solo del
siglo XXI, sino también de la meta narrativa del Hombre, el Rebelde.
Si fuera escrita una historia psicológica de las generaciones del
mundo posguerra, la línea divisoria correría entre aquellos que
estuvieron impactados, aquellos que sintieron algo cuando vieron y ven
la foto de Korda del Che, y aquellos a quienes no significó nada;
aquellos para quien el Che fue y es un héroe; y aquellos para quienes
él es materia de indiferencia o mera curiosidad. Dos puntos de vista,
sensibilidades, y actitudes diferentes.
El crítico existencialista español, escritor y filósofo Miguel de
Unamuno, cuando escribió unos pocos años después de Nietzsche, elogió
un espíritu que sería ‘en la guerra en tiempo de paz’ y ‘en la paz en
tiempo de guerra’. Che Guevara de ese tipo de espíritu. Para Heraclito,
el padre fundador de la dialéctica, el fuego fue la fuente y el
símbolo por excelencia. Che fue un fuego frío, que se había
concentrado. Una personalidad individual única, él se había atado a la
Historia y en hacerlo, se destacó contra su telón de fondo,
imprimiendo su semblanza al velo del tiempo.
• Doctor Dayan Jayatilleka, Conferencista en Política en la
Universidad de Colombo, es embajador de Sri Lanka y representante
permanente de las Naciones Unidas en Ginebra. Vicepresidente del
Consejo de Derechos Humanos de la ONU y presidente del Consejo
Ejecutivo de la OLI (2007-08), es el autor de Fidel’s Ethics of
Violence: The Moral Dimension of the Political Thought of Fidel Castro
(Pluto Press, RU., septiembre del 2007).
English Version Che’s Visage on the Shroud of Time |