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La revolución nos sacó de los ranchos
Pobladores de la ciudadela José Martí, al sur
de Valencia, en Venezuela, tienen ahora una historia muy diferente
que contar
Juan Antonio
Borrego y Calixto N. Llanes (fotos), enviados especiales
VALENCIA, Venezuela.—"Había gente que quería arreglar la
camioneta y no sabía leer el manual", dice Elisa Cristófono, una
facilitadora de la zona sur de Valencia, cuando intenta ilustrar los
contrastes socioculturales que halló a su triunfo la revolución
bolivariana.
Vista
de la plaza José Martí en un área central de la urbanización.
Así era por lo menos en la periferia de la parroquia Miguel Peña,
la de mayor extensión geográfica en toda Venezuela, donde por
fortuna el Gobierno del presidente Hugo Chávez levantó hace algunos
años la urbanización José Martí, espacio común para algo más de 2
000 habitantes que hasta ese momento vivían en alarmante indigencia.
Conocido por los venezolanos como ciudadela, el nuevo
asentamiento cuenta con varios cientos de viviendas de mampostería y
techo de tejas, suministro eléctrico, acueducto y alcantarillado,
infraestructura de viales y algunos otros servicios, todo lo cual ha
comenzado a cambiar la vida de su gente.
Unas
60 personas de la comunidad se mantienen estudiando en la misión
Robinson II.
Elisa Cristófono cuenta esta historia mientras en la modesta sala
de su casa va acomodándose poco a poco lo que aquí llaman un
"ambiente" de la misión Robinson II: televisor, video, pizarrón,
manuales, textos¼ , y una decena de
alumnos que acuden dispuestos a aprender. Hoy se habla de la
división de palabras en sílabas y desde la pared un afiche con la
imagen de Chávez advierte: "Otra victoria de Venezuela".
"Aquí nos vemos de noche durante dos horas y media porque muchos
son trabajadores de la industria y tienen que cumplir un horario y
por supuesto los fines de semana —aclara ella—, pero es increíble lo
que se aprende con métodos de enseñanza tan modernos".
Así lo corrobora también Migdalia Mateu Palomo, una profesora
guantanamera que presta servicios en el lugar como asesora del
Ministerio de Educación: "Con la Misión Robinson I ellos se
alfabetizaron, aprendieron a firmar, a leer, a escribir, a realizar
operaciones básicas de Matemática y ahora estos otros dos años les
sirven para pulir sus conocimientos".
En la ciudadela se han sumado a esta última modalidad de estudio
unas 60 personas, en buena medida gracias a la labor de acercamiento
y persuasión de personas como Gaudy Tovar, una joven promotora de
los Consejos Comunales en el pueblo.
Ella sueña con levantar pronto la escuela de la comunidad y
todavía más: la "Casa Amarilla" para los niños que requieren
enseñanza especial, que son varios en el pueblo, y hasta la
Universidad Simón Rodríguez del Sur, poco menos que una quimera para
quienes tiempo atrás vivían en contenedores o en casas de cartón. "A
nosotros —dice— la revolución nos sacó de los ranchos". |