Por décimo séptima ocasión el audiovisual joven estuvo de fiesta
en
Camagüey este mes.
Espacio por excelencia de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), esa
cita anual es una oportunidad para noveles realizadores de ponerse
al día en cuanto a cine de la laberíntica y popular ciudad se
abrieron para dar paso a las nuevas generaciones de cineastas
cubanos que, con unas 140 obras en concurso, inundaron de arte
importantes escenarios, entre el siete y 11 de este mes.
Espacio por excelencia de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), esa
cita anual es una oportunidad para noveles realizadores de ponerse
al día en cuanto a cine se trata, y más allá de la competencia y los
premios, significa un espacio de intercambio y reflexión entre los
autores, y de estos con el público.
Sus 17 ediciones lo reafirman como el evento audiovisual joven
más importante del centro y oriente del país, independientemente de
la calidad de los trabajos, ya que forma parte de la memoria
artística de la Isla.
Una vez más la calidad artística cubana mostró sus credenciales,
sin embargo muchas de las obras participantes arrojaron la necesidad
de perfeccionar la realización e insistir en los guiones, tanto de
documentales como de ficción, ya que es este elemento un talón de
Aquiles del cine nacional.
Al decir del realizador Nelson Martín, único representante en la
cita de la provincia de La Habana, la mayoría de los filmes
reflejaron cierto provincianismo, cuando se pueden aprovechar los
mismos temas locales como fuente de creación de infinitas historias,
capaces de trascender en otros niveles, no sólo nacionales.
En esta ocasión, conjuntamente con los materiales en concurso, el
Almacén ofreció una muestra colateral por los 20 años de la Escuela
Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV)
y otra de la Fundación Ludwig de Cuba.
Lídice Fernández, especialista nacional de audiovisuales de la
AHS, dijo a la AIN que estas dos propuestas fueron de las más
interesantes del encuentro pues se proyectaron materiales
antológicos del séptimo arte del país, que regularmente no son
exhibidos en los circuitos tradicionales.
Además de los galardones habituales y el taller internacional que
concede la EICTV, el Almacén contó por primera vez con un premio de
la Fundación Ludwig, consistente en una beca de creación por un año
y facilidades para la realización, lo que contribuirá a estimular
aun más
a los noveles artistas.
A tono con la producción de los telecentros municipales que en
los últimos tiempos se han ido creando en Cuba, esta edición
instituyó un premio para el mejor material de una televisora
comunitaria que refleje problemáticas y el quehacer de las
localidades, en busca de diversidad y mayor representatividad de
algunas zonas del país.
Otro de los estrenos del evento fue la creación del espacio
Coffee Arabia, continuación de una peña mensual que tiene la
asociación en Camagüey, y especie de cine debate de las propias
obras en concurso, en las que realizador y público tienen la
palabra.
Una representativa audiencia caracterizó las sesiones teóricas,
con la conferencia del profesor Mario Masvidal sobre semiótica, así
como el taller "Desde la idea hasta la obra final", a cargo del
cineasta Jorge Molina.
Los materiales que participaron en el Almacén de la Imagen
procedieron de los Estudios de Animación del ICAIC, la EICTV, las
tres facultades del Instituto Superior de Arte (en La Habana,
Camagüey y Holguín), TV Serrana y otros telecentros provinciales y
municipales, la AHS, la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales
y producciones independientes