La habanera es un ritmo vivo y en constante evolución. Lejos de
limitarse a ser objeto de estudio de musicólogos y otros
especialistas, está presente también en la creación de jóvenes
compositores e intérpretes nuestros como se puso de manifiesto en la
gala de clausura del XXII Festival de Habaneras en La Habana.
El programa final, junto al nivel de las obras premiadas y más de
una excelente actuación, trajo la agradable sorpresa de la vuelta
del cantante Wladimir Lozano tras 24 años de ausencia de nuestros
escenarios, lo cual hizo con músicos de la Orquesta Kuban Salsa, en
esta ocasión dirigida por el también célebre orquestador y pianista
Enrique (Culebra) Iriarte, su compañero de aventuras en Dimensión
Latina y otras importantes agrupaciones venezolanas.
Wladimir exteriorizó su emoción por este regreso a un país que
admira y de cuya música se ha nutrido artísticamente, que lo sigue
queriendo a pesar de los años y "puede contar conmigo y desde ya
anhelo un pronto regreso". Fue del son al bolero con sus
interpretaciones de Taboga, que lo proyectó
internacionalmente; Deseos, del granmense Luis M. Llamo; y un
popurrí de Miguel Matamoros (Son de la loma, Frutas del Caney,
Olvido¼ ), con el que rindió homenaje
"al grande Barbarito Diez".
El jurado, presidido por la doctora Zoila Lapique, otorgó el Gran
Premio del Concurso a Habanera 2, de Rodolfo de la Fuente,
excelentemente defendida por María Cristina, lo cual le fue
reconocido con el Premio de Interpretación. El primer premio lo
obtuvo Habanera de cristal, de Beatriz Gutiérrez y Míriam
Lemes, cantada por Jorge Sánchez; el segundo lo ganó Una cómplice
habanera, de Augusto Blanca, que defendió Cary Rivero; y el
tercero fue compartido por Dulce habanera, de Aracelys
Keeling y Vida Sulita Gómez, cantado por Bervely Mojena, y Tú, mi
habanera, de José Luis Hernández, por Alwin Damián.