Nombres ilustres son los que sobran, desde Huelga, Vinent y
Changa hasta Valdés, Valle y Faustino, todos con impresionantes
palmarés, dentro y fuera del país. Si destacada ha sido la ofensiva
de los equipos Cuba a través de cuatro décadas, destacada ha sido
también la labor de nuestros pitchers, siempre dominantes a la hora
de la verdad.
Pero en los últimos 17años un nombre se repite y se vuelve a
repetir cuando de seleccionar al mejor se trata. Debutó con solo 17
años (nació el 15 de abril de 1973), en la 30 Serie Nacional
(1990-91) y ya en 1995 integró la selección nacional a los
Panamericanos de Mar del Plata, Argentina. De ahí en adelante, Pedro
Luis Lazo, el "rascacielos pinareño", el "Papá de los caballos
cubanos", como lo bautizaron los narradores venezolanos en el torneo
del ALBA, ha sido una figura omnipresente en los principales éxitos
de Cuba en la arena internacional, llámese Olim-piada, Mundial,
Panamericano, Clá-sico Mundial.
Sus armas principales desde que se subió a un montículo han sido
una recta que alcanza las 95 millas y una slider tirada a las
rodillas. A esto se suma un ritmo intenso de pitcheo, casi sin tomar
aliento, que muchos pensaban se debía a su afán de no darles tregua
a los bateadores, pero que el propio Lazo definió de otra manera:
"yo soy un pitcher de lanzamientos bajos, por esa razón me conectan
muchos roletazos por el cuadro. Y yo quiero tener siempre a mis
infielders preparados, sin perder la concentración".
Sus números son elocuentes, como los refleja la tabla estadística
que acompaña este trabajo, en la cual debo aclarar que en el renglón
de Clásicos más otros están incluidos el Clásico Mundial, los
dos Preolímpicos (Edmonton’95 y Panamá’03) y la Copa América del
2002.
En la venidera XLVII Serie Nacional el astro vueltabajero podría
pasar a encabezar el casillero histórico de victorias, pues está a 9
de sobrepasar al también estelar zurdo yumurino Jorge Luis Valdés,
quien acumula 234. A su vez, pudiera acercarse aún más al segundo
lugar en el departamento de ponches, ocupado en este momento por su
comprovinciano, el zurdo Faustino Corrales (2 360). Es, además,
cuarto en entradas lanzadas y total de decisiones (348) y le batean
para menos de 250, es decir, un jit cada cuatro turnos, en sus 17
años de labor.
Internacionalmente, su desempeño no puede medirse solo en
números, a pesar de que no conozco a lanzador alguno con siete
triunfos y 72 ponches en Copas del Mundo ni con tres éxitos y dos
salvados, con 35 estrucados, en Juegos Olímpicos. Más allá de las
estadísticas están los momentos cruciales en los cuales su brazo ha
preservado victorias importantes en torneos del más alto nivel: su
relevo ante República Dominicana en la semifinal del Clá-sico
pudiera ser un buen ejemplo.
Menos de dos carreras limpias en 19 eventos internacionales y 173
innings trabajados con 215 estrucados, a más de uno por entrada,
resultan un palmarés impresionante, como impresionante ha sido toda
la carrera de este gigante del box. Cuando Pedro Luis Lazo termine
su carrera —aún le falta, a los 34 años su brazo permanece intacto—,
no habrá duda: él es el mejor exponente del pitcheo en toda la
historia de nuestras Series.