Relectura de Iris Dávila

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

De la urgencia del diarismo, de la perspectiva casi quemante de la publicación periódica, han nacido páginas imprescindibles para el pensamiento, la reflexión y la cosecha de ideas útiles y necesarias en la formación y orientación ciudadanas, las cuales han trascendido la inmediatez y dado un tiro de gracia al olvido presupuesto en el día a día de un oficio que afronta el paso del tiempo.

De ahí que la idea de conjurar la dispersión de un dilatado ejercicio como el de Iris Dávila mediante la compilación de una serie de sus trabajos periodísticos sea bienvenida, más cuando se trata de alguien a quien se le identifica con una faceta creativa en la que ha dejado una herencia ineludible: la dramaturgia radiofónica.

En efecto, Iris es una de las autoras imprescindibles de la radio cubana. Sus radionovelas en los cincuenta hicieron época tanto por su lograda escritura como por haberse atrevido a presentar conflictos que rebasan los estrechos conceptos de la moral burguesa.

Pero también de modo paralelo fue tejiendo desde muy temprana data una apreciable cadena de artículos y crónicas que se prolongan hasta fechas recientes. Una selección de estos trabajos acaba de ser publicada por Ediciones Unión bajo el título Delirio de periodista.

La vocación patriótica y el sentido ético de su inserción en el periodismo cubano se expresaron en artículos dedicados a José Martí, el grito de Yara y una valiente exposición sobre el destino de la Universidad de La Habana que vio la luz en Bohemia nada menos que en 1957.

Una buena parte de sus contribuciones a la prensa periódica se vio reflejada en la revista Mujeres, donde privilegió los acercamientos a personalidades femeninas im-prescindibles en la historia y la cultura cubanas.

Agudeza y precisión caracterizaron sus incursiones en la crítica y la reseña literarias, mediante una prosa ágil y dialogante con el lector que de igual modo nutre sus relaciones costumbristas, en las que renueva un género tan criollo como lo es la estampa.

Pero quizás la mejor cosecha de Iris, al menos para una época como la nuestra marcada por la influencia social de los medios de comunicación, se tenga en aquella parcela en la que aborda las realidades y perspectivas de la radio y la televisión.

Volver a leer sus criterios sobre el melodrama, la novela radial y la telenovela equivale a asistir a una lección magistral, ni apocalíptica ni integrada, va-liéndonos de la célebre terminología de Umberto Eco, Iris Dávila ofrece razones y argumentos en defensa de la legitimidad y autenticidad de esas expresiones de la cultura de masas sin que por ello obvie distorsiones, manquedades ni ligerezas. Lo hace con conocimiento de cau-sa y una integridad intelectual irreductible.

Nada delirante esta selección de textos. La lucidez va por delante.

 

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