De la urgencia del diarismo, de la perspectiva casi quemante de
la publicación periódica, han nacido páginas imprescindibles para el
pensamiento, la reflexión y la cosecha de ideas útiles y necesarias
en la formación y orientación ciudadanas, las cuales han trascendido
la inmediatez y dado un tiro de gracia al olvido presupuesto en el
día a día de un oficio que afronta el paso del tiempo.
De ahí que la idea de conjurar la dispersión de un dilatado
ejercicio como el de Iris Dávila mediante la compilación de una
serie de sus trabajos periodísticos sea bienvenida, más cuando se
trata de alguien a quien se le identifica con una faceta creativa en
la que ha dejado una herencia ineludible: la dramaturgia
radiofónica.
En efecto, Iris es una de las autoras imprescindibles de la radio
cubana. Sus radionovelas en los cincuenta hicieron época tanto por
su lograda escritura como por haberse atrevido a presentar
conflictos que rebasan los estrechos conceptos de la moral burguesa.
Pero también de modo paralelo fue tejiendo desde muy temprana
data una apreciable cadena de artículos y crónicas que se prolongan
hasta fechas recientes. Una selección de estos trabajos acaba de ser
publicada por Ediciones Unión bajo el título Delirio de
periodista.
La vocación patriótica y el sentido ético de su inserción en el
periodismo cubano se expresaron en artículos dedicados a José Martí,
el grito de Yara y una valiente exposición sobre el destino de la
Universidad de La Habana que vio la luz en Bohemia nada menos que en
1957.
Una buena parte de sus contribuciones a la prensa periódica se
vio reflejada en la revista Mujeres, donde privilegió los
acercamientos a personalidades femeninas im-prescindibles en la
historia y la cultura cubanas.
Agudeza y precisión caracterizaron sus incursiones en la crítica
y la reseña literarias, mediante una prosa ágil y dialogante con el
lector que de igual modo nutre sus relaciones costumbristas, en las
que renueva un género tan criollo como lo es la estampa.
Pero quizás la mejor cosecha de Iris, al menos para una época
como la nuestra marcada por la influencia social de los medios de
comunicación, se tenga en aquella parcela en la que aborda las
realidades y perspectivas de la radio y la televisión.
Volver a leer sus criterios sobre el melodrama, la novela radial
y la telenovela equivale a asistir a una lección magistral, ni
apocalíptica ni integrada, va-liéndonos de la célebre terminología
de Umberto Eco, Iris Dávila ofrece razones y argumentos en defensa
de la legitimidad y autenticidad de esas expresiones de la cultura
de masas sin que por ello obvie distorsiones, manquedades ni
ligerezas. Lo hace con conocimiento de cau-sa y una integridad
intelectual irreductible.
Nada delirante esta selección de textos. La lucidez va por
delante.