¿Cuál? Impedir que la Cá-mara de Representantes echara abajo el
veto impuesto por Bush al proyecto de comenzar a impartir asistencia
médica a cuatro millones más de niños estadounidenses.
Los congresistas demócratas necesitaban que 13 republicanos se les
uniesen para eliminar la decisión del pre-sidente, pero fracasaron.
No sucedió como a principios del año, cuando los legisladores de
ambos partidos acercaron sus votos para autorizar más de 100 000
millones de dólares adicionales con destino a sus tropas en Iraq y
Afganistán.
Ahora la intención era que el Programa Estatal de Seguro de Salud
para Niños, que llega a seis millones de infantes en su mayoría con
bajos recursos, se extendiera a diez millones de ellos.
Tal iniciativa, según encuestas de opinión pública, fue respaldada
por el 82% de los consultados, y la suscribió una amplia mayoría del
Senado.
"Por el costo de menos de 40 días en Iraq, nosotros podemos proveer
seguro de salud a diez millones de niños por un año", declaró la
presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi.
Bush limita el referido programa de Asistencia Médica a 30 000
millones de dólares cada cinco años, pero, denunció el senador
republicano, Orrin Hatch, de ser así, saldrían de este plan unos 800
000 infantes.
El presidente respondió que el Congreso tiene derecho a proponer,
"y si no se ajusta a las necesidades de mi opinión, yo tengo el
derecho a vetar".
Como si ya no encarara un gran abanico de frentes muy conflictivos,
Bush advirtió: "us-tedes están a punto de ver un enfrentamiento fiscal
en Washington".
La recia oposición del jefe de la Casa Blanca a iniciar el servicio
médico a millones de niños norteamericanos resulta parte de sus
esfuerzos para equilibrar las fabulosas cifras de dinero pedidas con
fines militares.
El pasado 29 de marzo la administración Bush solicitó al Congreso
700 000 millones de dólares para inversiones bélicas durante el año
fiscal 2008 que comenzó el primero de octubre.
Tal reclamo corrió a cargo del secretario de Defensa, Robert Gates,
quien trató de justificarlo con el argumento de que resultaba
necesario para defender los intereses de Washington en el mundo.
Según Gates, una gran parte del nuevo gasto militar, o sea, 141 000
millones de dólares, estaría destinado a sufragar la ocupación de
Estados Unidos en Iraq y Afganistán.
Agregó que estas nuevas inversiones incluyen 16 800 millones de
dólares más que en las anteriores para cubrir entrenamiento,
reparación y reemplazo de equipos, así como la recolección y análisis
de Inteligencia.
En este escenario, los periodistas volvieron a preguntar a la
vocera de la Casa Blanca, Dana Perino, en torno al veto impuesto por
Bush a la ampliación del servicio médico infantil.
Ella respondió que el pre-sidente "ha dicho que su prioridad es que
las necesidades de los niños pobres sean atendidas primero".
Este nuevo episodio hace recordar, una vez más, al llamado Plan
Bush, donde plantean que si llegasen a reconquistar Cuba le impondrían
una copia al carbón del actual sistema de salud pública de Estados
Unidos.
El tremendo golpe que acaba de propinar Bush a la asistencia
médica infantil en ese país, cubre de lodo al posible átomo de
seriedad que hubiera podido conservar aún su demencial plan
colonialista hacia la isla.