El pueblo de Artemisa, el más revolucionario de Cuba, como
acertadamente lo llamara Fidel por la contribución de sus hijos a la
gesta del Moncada, acudió bien temprano y masivamente a las urnas, no
solo para elegir a los más capaces, sino a fin de probar una vez más
su respaldo a la Revolución.
Semejante apoyo podía percibirse en la sucesión de banderas
colgadas en ventanas y balcones; en los pioneros, contentos de
colaborar con el proceso; el despertar de cada barrio con la aurora;
la magia de que en las elecciones nuestras los colegios no son otros
que las escuelas, policlínicos universitarios o consultorios del
médico de la familia.
Pero igual sucedió de este a oeste de la provincia La Habana: en
Madruga, San José de las Lajas, Guanajay o San Antonio de los Baños,
pues el voto es por el modelo de democracia que escogimos.