Armando
Hart está plenamente convencido de que la plenitud de una vida
espiritual es una utopía realizable y de que la sociedad cubana se
halla a las puertas de un enorme salto en el orden cultural.
"La Revolución —afirma— ha ido creando condiciones para que esto
suceda, al expandir de manera considerable los programas
educacionales, democratizar el acceso al conocimiento, consolidar
una red nacional de instituciones culturales y perfilar un nuevo
tipo de sociedad civil que se aviene con nuestros ideales
socialistas."
"El gran desafío —apunta— se halla en articular ese enorme
potencial cultural con la actividad social de nuestras bases. En la
medida de que seamos capaces de socializar, de manera consciente y
profunda, nuevos paradigmas éticos y culturales que partan de
nuestras auténticas tradiciones revolucionarias, antimperialistas,
humanistas, internacionalistas y solidarias, estaremos contribuyendo
a que se cumplan los sueños por los que hemos luchado."
Precisamente uno de los objetivos de la Sociedad Cultural José
Martí, que preside Hart, es coadyuvar a la promoción de esas ideas.
El 20 de octubre de 1995, junto a los poetas Cintio Vitier, Roberto
Fernández Retamar y Carlos Martí, el historiador Eusebio Leal y el
filósofo Enrique Ubieta, lanzaron esa iniciativa fundacional.
"Vivíamos entonces un momento muy particular —recuerda Hart—; el
periodo especial se hacía sentir en toda su intensidad y las medidas
que el Estado adoptó para afrontar la crisis económica nos
permitieron subsistir, pero también trajeron efectos sociales
indeseados. Debatíamos sobre la pérdida de valores en ciertos
segmentos de la sociedad. Desaparecida la Unión Soviética y
desmantelado el socialismo en el este europeo, el imperialismo
arreció su hostilidad y apostó más que nunca a la destrucción misma
de nuestra nación. Incluso hubo amigos de Cuba que creían inevitable
nuestra caída. No se me olvida a un argentino de formación
intelectual burguesa que en una reunión internacional me dijo, como
compadeciéndonos, que parecíamos náufragos. Le respondí: ‘Óigame,
estos náufragos nadamos para tierra firma y no dude que alcanzaremos
la orilla que usted no ve’. Dos años antes, Fidel, con esa
clarividencia que lo caracteriza, había dicho en el Congreso de la
UNEAC que la cultura era lo primero que había que salvar. Y qué
mejor símbolo que nuestro José Martí para ello."
Paso a paso, de manera pertinaz, la Sociedad Cultural José Martí
ha ido construyendo una red de clubes a lo largo y ancho del país,
con más de 6 000 asociados. El trabajo se desarrolla de manera
singular en centros docentes de alta concentración juvenil, pero
también en otros ámbitos de la comunidad. En el plano internacional,
la SCJM ha auspiciado las conferencias Por el Equilibrio del Mundo
—la segunda versión será entre el 28 y el 30 de enero del año
entrante, coincidiendo con el aniversario 155 del natalicio del
Apóstol y bajo el lema Patria es Humanidad—, Con todos y por
el bien de todos y José Martí por una cultura de la naturaleza.
"Es mucho lo que está por hacer en una organización como esta
—comenta Hart—: en el seno de cada comunidad debemos sembrar las
ideas martianas, pero ello debe verse no como un mero ejercicio
intelectual, sino como una necesidad práctica. Ciencia y conciencia
son conceptos que orgánicamente integrados a nuestra actividad
pensante pueden generar valores útiles, tanto para enfrentar la
permanente campaña imperial que pretende socavar nuestra unidad,
como para que nuestra fuerza moral se traduzca en voluntad para
accionar en todos los frentes."
"Estamos en el deber de hacer memoria —puntualizó— para hacernos
acompañar cotidianamente de todos los aportes originales de nuestras
tradiciones revolucionarias. Cuando hablo de tradiciones no solo me
refiero al extraordinario caudal martiano, sino al de todos aquellos
que han aportado al mejoramiento humano en nuestra Patria y en todos
los rincones del planeta. Marx, Engels y Lenin, por ejemplo, son
clásicos que escapan al mármol de las estatuas y de las telarañas de
la nostalgia, pero también están Ho Chi Minh, Fanon, Gramsci,
Mariátegui y, por supuesto, el Che y Fidel. El estudio del
pensamiento fidelista nos puede llevar a conocer cómo la teoría y la
práctica revolucionarias pueden desarrollarse creadoramente al más
elevado nivel de síntesis en medio de la confrontación con el
imperialismo en las condiciones actuales."
En medio de la entrevista, Hart hace un alto para revisar algunos
textos martianos de reveladora vigencia. Cita una frase del Maestro:
"Cada ser humano lleva en sí un hombre ideal, lo mismo que cada
trozo de mármol contiene en bruto una estatua tan bella como la que
el griego Praxíteles hizo del dios Apolo. La educación empieza con
la vida y no acaba sino con la muerte".
"Este 20 de octubre —señala Hart— valdrá la pena meditar acerca
de cómo articular definitivamente educación, ciencia, cultura,
conciencia y vida espiritual en nuestras comunidades. Todo por el
socialismo."