La huelga forzó a millones de personas a buscar alternativas para
desplazarse. Algunos transportistas amenazaban con continuar la
huelga el viernes.
El episodio marca el primer enfrentamiento serio entre Sarkozy,
elegido en mayo, y poderosos sindicatos que en el pasado han
descarrilado múltiples propuestas gubernamentales.
Los servicios de autobuses, trenes y metros pararon en todo el
país. Más del 90% de los trenes de alta velocidad TGV detuvieron sus
motores. Solo una línea del metro parisino funcionaba, la del tren
que es automático y no necesita de conductor. Los trenes con destino
internacional también se vieron afectados, pero en menor medida.
Los sindicatos han estado echándole un pulso al gobierno
conservador de Sarkozy en los últimos meses, pero la huelga del
jueves es la primera medida que toman al respecto.
El centro de la disputa son los propósitos de Sarkozy de eliminar
un plan de pensión especial para aquellos trabajadores en puestos
exigentes, como los mineros y conductores de trenes.