En
medio de las últimas Lecturas en el Prado emergió un libro que
va a dar de qué hablar por muchas razones. Eshu (oriki a mí
mismo) y otras descargas, de Rogelio Martínez Furé, editado por
Letras Cubanas, aporta al discurso literario nacional la sabiduría y
sensibilidad de un hombre fiel a su identidad, a sus más profundas
raíces, y a la vez, comprometido con la memoria del futuro.
Este es un libro que desborda la densidad de sus páginas,
iluminadas por el pulcro diseño de Alfredo Montoto. Poesía asociada
al canto, a la oralidad, quizá requiera de un soporte sonoro para
paladearla con todas las de la ley. Mas a pesar de ello, la palabra,
per se, ejerce su señorío en la condensación y transmisión de
experiencias filosóficas y vivenciales.
Furé se retrata y nos refleja desde la individualidad hasta el
cuerpo social. Da cuenta de sí mismo, de sus ancestros, de su
entorno, del amor, de la resistencia, de la rebeldía, de la
capacidad de reinventarnos caminos.
Imbuido de las argucias del juglar, reclama el espacio del ágora
para contar y fabular, con humildad y paciencia, como suele decir,
sobre nuestros destinos. Habla con la voz del monte y de la calle,
desde la presencia de la cultura yoruba en el mismo tronco de la
cubanía pero con la perspectiva de una universalidad integradora.
Solo así puede legitimarse ese tránsito del soliloquio a la masa
coral que recorre y pauta la intensidad del libro.
De la sinceridad y el trasunto ético de esta entrega de Furé, el
poeta y dramaturgo Gerardo Fulleda León nos dice: "Aquí no hay
espacio para la simulación, la intolerancia y la soberbia social (...) Aquí la ingenuidad, la magia de la ocurrencia de lo imprevisto se
dan la mano a la condición efímera del hombre y la mujer y, a la
vez, a lo perdurable de su lucha por la libertad y las buenas
razones para subsistir y transformar una existencia hostil".
Eshu... complementa la obra de un intelectual orgulloso de su
condición reyoya, que ha enriquecido en las últimas décadas diversos
afluentes de la creación popular.